En la Antesala Al Portal Oscuro

El Báculo de la Serpiente I

El Báculo de la Serpiente

Y así Akanaki, el primer hombre.
Terminó el laberinto que el gran señor le mostró,
Grande fue su sorpresa cuando descubrió,
Que frente a él se hallaba un laberinto aun mayor.
Mito Chultita sobre la creación

Cuando la serpiente,
Se interne en la casa de la bruja;
Llegando de mano de aquel de oscura piel,
Entonces la eterna noche caerá;
Y el corto tiempo de las Sabias oscuras llegará.
Profecía Rashemeni.

-Toma muchacho-dijo el orondo tabernero mientras desplazaba un vaso de madera hacia sus manos.-¿Cómo que de verdad tu pueblo no esta preparado para este clima?.

-No lo pongas en duda Ivanok-respondió la figura. Akanaki tomo el vaso con cuidado y dio un gran trago. Aquel vino era extremadamente fuerte, como si hubiese sido destilado del mismo fuego, y, además, poseía un mal sabor, pero sin duda cumplía su función: Calentar el cuerpo, en especial un cuerpo como el suyo no habituado a aquellos climas tan extremos.

Akanaki era un joven Turami, hijo de una hermosa joven Chultita; perteneciente a una casa comercial, que en una tierra extranjera, había forjado una modesta fortuna. Por su lado su padre había sido un extraño hombre de tez curtida, que decía venir de la nación de Rashemen. Una tierra regida por poderosas brujas y una magia singular. Aquel mestizaje había dado a un joven de piel canela, rasgos delicados propio de Turamis, y una lacia cabellera.

Poco era lo que Akanaki recordaba de su padre, lo había perdido a temprana edad, cuando el solo era un bebé; y por eso siempre le había obsesionado saber sobre el pasado del mismo. Su madre le había contado sobre el escaso tiempo que él disfrutó con ella, le había descrito lo fuerte que era, lo rustico y salvaje que se veía por fuera, y lo dulce que era por dentro. Según su madre, su padre había sido un hombre muy enigmático, poseía una dualidad única que resaltaba aquel silencio que mantenía sobre su vida en su antigua nación y sobre su exilio de aquella tierra.

Su padre había muerto, al finiquitar un extraño libro, un diario presumía ella. Aquel libro le fue consumiendo de una forma peculiar a medida que él avanzaba en su escritura. Al final, cuando él terminó de escribirlo murió. Su ultimo deseo había sido que se le entregara a Akanaki cuando alcanzara la mayoría de edad y, si este recorría el camino del arte.

Y así ocurrió, Akanaki opto por seguir la senda de la magia; y sin dudarlo la ultima voluntad de su padre fue cumplida. Aquel libro abrió un gran mundo para el joven. En el se habla de la historia del pueblo de su padre, de las costumbres y un sin fin de elementos más. Todo aquello despertó la curiosidad del joven, pero no por que fuese una gran cantidad de información exótica, sino por lo escaso de la misma. Además, había una serie de pasajes crípticos que no comprendió, y acompañando a estos, existían otros pasajes que se hallaban escritos en la lengua natal de su padre.

Guiado por el deseo de saber más sobre aquel pueblo, y aquellos pasajes oscuros. Akanaki se puso en camino hacia aquella tierra. Una nación hermosa y a la vez inhóspita, una tierra salvaje sin parangón alguno en los reinos.

-Por cierto muchacho- dijo Ivanok-Este juego es muy complicado y creo que esta dañado-agrego señalando un extraño disco de madera y vidrio.

-¿El laberinto?-respondió Akanaki-Los laberintos siempre son difícil y desesperantes-agrego mientras tomaba el juguete, este constaba de un laberinto tallado en madera, y sobre este un cristal trasparente, y en medio del vidrio y la madera una esferilla de metal que debía recorrer aquel críptico sendero. Aquello debía hacerse con cuidado y movimiento de las manos.-Para aquellos que así lo desean ver-agrego, mientras que con movimientos cuidadosos hacia que la esferilla recorriera todo los pasillos hasta salir por el otro extremo del disco.-¡Vez es fácil!.

-¡Brujería y trampa!-Dijo el hombre- ya tú lo conoces de memoria-le increpó.

-En efecto-le respondió- la practica y la memorización, son el camino a la perfección.-Ivanok lanzó un suspiro ante aquella afirmación y luego tomo el juguete.

-Ningún extranjero le ganara a Ivanok el oso de las nieves.

-Esperemos que así sea siempre-puntualizó.

-Por cierto, muchacho- comentó el posadero-has venido a estas tierras buscando la historia de tu padre, pero según lo que cuentas este era un brujo, ¿verdad?.

-En efecto-respondió Akanaki dando él ultimo sorbo a su vino.

-Pues a los brujos hombre nunca se les ve en estas tierras, no como a las.. – Hizo una pausa y miro en varias direcciones, y luego con un rostro en el cual se reflejaba una mezcla de emociones que iban desde el miedo hasta la admiración- a las Hatranes. Así que por tu bien te recomiendo que no andes preguntado mucho. –Akanaki sonrió de forma desafiante y dijo.

-Con esas mujeres deberé tratar sin duda-agrego-Ya aprendí a hablar vuestra lengua, lo cual se me hizo muy fácil- hizo una pausa y miro fijamente a su interlocutor, aquel hombre de piel curtida, poblada barba y una incipiente calvicie.-Es como si vuestro lenguaje estuviese sembrado en mi corazón y alma.- ante aquel despliegue de poesía el posadero sonrió, rápidamente le sirvió otro poco de aquel vino; le hizo un gesto para que se esperara y le dio varias ordenes a las meseras, luego volvió con algo de pan, queso y carnes frías.

-Dulces palabras-respondió este-mi corazón ya te lo ganaste con este juego de los mil demonios, lo demás son monsergas.

-Como te iba diciendo, para mí fue muy fácil aprender a hablar vuestra lengua durante la semana que estuve en Immilmar y con los mercaderes Theskianos, pero realmente necesito saber como se lee en vuestro idioma.

-Allí no te puedo ayudar, Ivanok no sabe leer, nunca lo a necesitado, solo sabe hacer cuentas y ordenar a sus proveedores.- dijo con orgullo.

-Por cierto en esta villa, ¿dónde puedo hallar a las Hatranes?-pregunto- llevo ya varios días aquí en Darmingrado y no he visto ni una de ellas.

-Son mujeres muy ocupadas y esquivas amigo mío-puntualizo- y como te dije ve al templo de Bhala, allí hallaras algo.

-Será mañana, al despuntar el alba-respondió este.-esta noche, con este frío no saldré a ningún lado.-Ivanok sonrío ante la mención del frío, realmente no estaba haciendo mucho frío, pero como el joven Akanaki era extranjero no dudaba que para la aquella primavera recién iniciada fuese un invierno tardío.

-Bien, ya llegaran los trovadores, dentro de poco escucharas de nuevo el cantar de las Balalaicas y veras las danza de nuestro pueblo.

-Así será-respondió Akanaki muy emocionado y ansioso de observa de nuevo a aquellos actores.

A Shaumar le molestaba estar oculto; prefería combatir de manera honorable, cara a cara. Estar allí entre los arbustos, con un arco preparado no era su estilo. Tampoco era el estilo de Illya su melliza, y de Imzel, la Hatran, que se encontraba con ellos llevando acabo aquella misión. Lo peor de aquello, según el punto de vista del Berseker, no era tener que pelear y asaltar aquella criatura desde los arbustos, si no que tenían que esperar. La paciencia no era algo que Shaumar hubiese cultivado, en realidad ningún guerrero unido a algunas de las diferente logias, había labrado algo más allá de sus aptitudes para combatir, sobrevivir y beber licor.

La casa se hallaba en la sima de una colina, era de madera con un techo de paja, y una cerca rodeaba gran parte de esta. Poseía un edificio anexo y un camino empedrado que nacía en la base de la colina y terminaba en la puerta de la cerca que rodeaba toda la granja. Aquel sitio era el blanco del próximo ataque de la Bruja demonio. Shaumar sintió un escalofrió al recordar aquel ser, trató de mantenerse calmado allí en medio de aquellos arbustos en la base de la colina.

-¿Cómo se sentirá Illya?- se pregunto más de una vez. Su melliza era una verdadera mujer desde su punto de vista. Pues era capaz de beber más que él y, además, luchaba con una furia enconada y una estrategia única. Lo que realmente decepcionaba al joven era que su hermana usase una espada en vez de una gran hacha como él. Durante un rato más el joven se perdió en su mundo personal, vago por llanuras y tierras que solo existían en su mente, y combatía con seres inimaginables digno de mención. Claro esta, si existiesen. Horas o eones, sinceramente el joven nunca lo sabría, lo cierto es que después de un tiempo una gran esfera de fuego azul celeste hizo aparición en el cielo y lentamente se fue acercando al techo de la caza.

Un canto de ave llegó a los oídos de Shaumar, despertándolo de su ensueño y obligándolo a afrontar la dura realidad. Al joven le tomó un tiempo digerir aquel evento, nunca había visto a un ser sobrenatural, nunca un ser como aquel.

-Atento con el arco- le dijo aquel silbido que llego desde el otro lado de la calzada. Shaumar reconoció aquel lenguaje y se preparó, su hermana lo estaba aprestando para el combate. La esfera descendió rápidamente sobre el techo y sin quemarlo, lo atravesó. Shaumar dio un pequeño salto al ver aquello, y se preocupo más cuando escucho un grito inhumano de terror.

La puerta de la casa estalló en pedazos y de ella salió una figura achaparrada y deforme, su piel era azul o eso parecía, su cabello se veía enmarañado y rebelde, la figura tenia una gran escoba en la mano derecha y un paquete redondo bajo el brazo izquierdo. El paquete se revolvía con fuerza, y un llanto fuerte y constante le indicó al joven bárbaro que aquello era un bebé. Aquel ser sobrenatural, aullaba con fuerza, por el grito se podía inferir que el terror y el odio agobiaban a aquel ser abominable, su cabeza sangraba, sin duda Imzel estaba haciendo su trabajo.

La bruja o Hag como la habían llamado, corrió a gran velocidad por la calzada para luego elevarse por los aires usando su escoba como montura. Tal como Imzel lo había vaticinado. Shaumar escuchó el silbido acicate de su hermana y con la flecha ya presta y sin dudarlo disparó contra aquel ser. Su flecha que poseía una pluma roja, pasó de largo sin dañar a aquel ser demoníaco. Por su lado la flecha añil de Illya impacto certeramente en el hombro de aquel ser, el cual aulló con más furia pero no soltó, ni a la escoba, ni al bebé. Por el contrario aquel ser se elevo por los aires y salió volando a gran velocidad.

-Seguidla-Grito Imzel con fuerza, mientras salía por la puerta de la granja, seguida de una desesperada madre y su esposo que la retenía con fuerza. Sin dudarlo ante aquella orden los dos Berseker se pusieron en marcha tras el demoníaco ser.

Chull no sabia a donde se dirigía, lo único que tenia presente era que deseaba escapar de aquellos seres que impedían que cumpliese con su labor. Que se alimentase. Él bebé era suyo lo había arrebatado dignamente, ¿Cómo osaban quitárselo? Lo cierto es que debía darle prisa a sus conjuros, y escapar a gran velocidad de allí, las flechas de los guerreros, se acercaban cada vez más a un blanco concreto. Y, además, sentía una fuerza oscura proveniente de la villa que le llamaba con desespero.

Así que guiado por una extraña mezcla entre el deseo de sobrevivir y aquel oscuro llamado, la demoníaca bruja se dirigió son dudarlo hacia la ciudad.

Shaumar no sentía cansancio alguno por llevar a cabo dos labores sumamente difícil, apuntar y correr. En realidad aquella persecución que al principio se le antojo molesta, ofensiva y escasa de honor, se estaba volviendo en extremo divertida. Observar a su hermana sufrir igual que su persona le alegraba en demasía. En realidad, trabajar en conjunto con su sangre le llenaba de placer. Illya era una chica esbelta con una gran definición física, al verla a distancia cualquiera se podía confiar en el que era un ser menudo carente de fuerza. Pero cuando se le hacia frente aquel que se oponía a ella descubría que aquel ser en apariencia minúsculo, poseía un cuerpo esbelto y muy bien tonificado, que era muy diestra en el uso de las espadas y aun más; Compensaba lo que le faltaba en fuerza con una extraordinaria maña. Sinceramente su adorada hermana era el mejor partido en todo Rashemen y en las tierras lejanas y circundantes.

De nuevo Shaumar tenia aquella mirada vacía e ingenua. ¿Cómo un ser con aquella concentración había sobrevivido tantas peleas? – alcanzó a preguntarse la joven. Shaumar no era, ni de lejos, el hombre más sabio e inteligente de Rashemen. Pero a cambio de eso era el hermano más dulce y preocupado en todo el mundo. Al igual que ella poseía una cabellera castaña cercana al rojizo, un color extraño y escaso en aquellas tierras. Mientras que ella tenia el pelo lacio, él gozaba de un pelo ensortijado y rebelde en el cual cualquier peine o cepillo se lo pensaría dos veces antes de hacerle frente. Poseía los mismos ojos miel que ella, y casi el mismo tono. Pero mientras ella era astuta como un zorro y escasamente fuerte, Shaumar tenia la inteligencia de un niño pequeño, pero la fuerza de cinco toros. Sin duda su hermano era un guerrero digno de ver y el mejor bárbaro de toda aquella misteriosa tierra.

Así pensaban los mellizos uno sobre el otro, cada uno era para el otro el único familiar que les quedaba en todo Faerun, así que se profesaban una devoción y cariño absurdamente anormal. No había en todo Toril seres que se quisiera más. Y guiados por ese amor ambos habían tomado el camino del Berseker, y por ese cariño defendían a su nación y a sus prójimos. No habían conocido a sus padres, pues desde que recordaban ellos dos estaban juntos. Pero lo que sí era cierto es que se habían tenido el uno al otro y eso era todo lo que importaba.

Illya preparó otra flecha y sin dudarlo la lanzó contra aquel ser. La hag la eludió de nuevo pero al ver que aquella fallo por escasos milímetros, no pudo hacer nada más que lanzar un alarido de desesperación. Un aullido que heló la sangre de los mellizos, pero que nos les impidió avanzar en su recorrido y misión.

Un fuerte olor a ozono lo impregno todo; los Berseker sintieron como todos sus vellos se les erizaban y luego vieron un destello azul, ¡El relámpago! Que luego fue acompañado por el retumbar del trueno. Sin darse cuenta continuaron corriendo y solo se percataron de aquello cuando una descarga similar partió desde detrás de ellos y chocaba contra aquella energía que fue arrojada en su contra. Sin saberlo ambos habían estado en medio de un choque de energía. La bruja de la escoba había disparado un rayo contra los mellizos que fue interceptado por Imzel. Shaumar volteó y la observo, llevaba puesta su mascara y montaba sobre un caballo transparente de varios colores. –Sin duda aquel era el espíritu del Caballo- alcanzó a pensar mientras fijaba de nuevo su vista al frente.

La bruja volteaba su cabeza de vez en cuando, para saber si aun le seguían. Las flechas ya no le llegaban, de seguro los humanos habían acabo con sus provisiones de tan letales y odiosas armas. Sin dudarlo la criatura apresuro su paso y lanzo otro aullido al divisar la empalizada y la puerta de la ciudad. Con placer y malicia observo como dos soldados que se hallaba sobre la muralla de madera haciendo una ronda, siguiendo su cotidianidad. A pesar de todo aquella no seria una mala noche. Masculló una frase arcana a la par que soltaba la punta de su escoba y con un retorcido y repugnante dedo, apuntaba hacia la puerta. En cuestión de segundos la puerta estalló y los vigilantes soldado salieron volando por los aires.

-Maldita-Aulló Shaumar indignado a la par que apretaba el paso, realmente estaba deseoso de hundir su hacha en aquel cráneo.

-Más empeño-grito Imzel a la par que adelantaba a los bárbaros; para luego levantar sus brazos y prepararse para llevar a cabo un conjuro ofensivo. Pero en vez de aquellos se detuvo y se puso a la parte de la joven guerrera. –Illya ve al templo de Bhala, has que todas las hermanas disponibles vayan a la plaza.-ordeno, y como era costumbre entre la gente de aquel reino, se le obedeció sin rechistar. Por su lado ella y el berseker continuaron su carrera tras el nefasto ser.

Los bardos iban a iniciar el acto, las Balalaicas estaban ya afinadas, los músicos tenían prestas sus gargantas, las bailarinas ya habían calentado y las trovas ya estaban prestas. De nuevo cantarían una serie de trovas propias de la zona, una serie de relatos que hablaban de las grandes batallas de antaño, y de las derrotas que los ejércitos de Narfell sufrieron a manos de las poderosas hordas de Raumathar.

Aquello alegraba el espíritu del joven mago, las alegres tonadas de las balalaicas, le traían a colación recuerdos que se hallaban perdido en el fondo de su ser. Memorias que no eran propias, si no, herencia de aquel padre al que escasamente conoció. Todo parecía que seria normal aquel día hasta… que escucharon los gritos; parecían venir desde afuera, sonidos de batalla y magia, sonidos que no le fueron ajenos al joven mago.

Akanaki se levantó rápidamente y se acerco al tabernero. -¿Qué ocurre allá fuera, Ivanok?-inquirió precipitadamente.

-Sinceramente lo desconozco, muchacho-acoto.- mejor no dejes que la curiosidad te abrume y te obligue a llevar a cabo actos que luego lamentes. – el joven poco caso le hizo. La taberna se sumió en un contranatural silencio que magnifico el ruido proveniente de afuera. De repente un parroquiano entró a la taberna; lucia agitado y su piel estaba en extremo pálida.

-Una bruja demonio-alcanzo a mascullar de forma atropellada. Aquello fue un excelente catalizador para Akanaki quien desde que había dejado Tammar, había escuchado sobre las temibles brujas demoníacas que asolaban la región. Sin dudarlo y contraviniendo las recomendaciones de Ivanok, salió a gran velocidad de la taberna; lo que vio lo dejo asombrado.

Allí estaba la oscura fuente que le llamaba; era un joven de piel oscura vestido de una forma extraña, sin duda un extranjero, pues ningún Rashemi se vestiría de aquella forma y mucho menos, se quitaría el vello facial. Lo que el ente no entendía era ¿cuál de los dos era la fuente? No concebía que aquel joven tan débil poseyera aquel poder tan grande que le prometía la salvación, que le prometía una forma de eludir las manos de la Hatran.

Akanaki observó a una vieja de piel ligeramente azul, correosa y cabellera enmarañada, que volaba por los aires en una escoba y que sostenía un bulto. La criatura se detuvo en seco y se quedo mirándolo, como estudiándole, recordó las historia que su abuelo le había contado sobre las serpientes encantadoras. Estas poseía un poder demasiado inusual, un extraño vahído o danza con el cual hipnotizaban a su presa para, cuando esta estuviese en extremo desconcertada, atacarlas y devorarlas en un santiamén. Aquel parecía el rito que aquel ser consideraba llevar a cabo, sin duda le iba a atacar.

Chull no pudo evitar el impulso que le obligo a estudiar al joven, su piel era oscura, sus cabellos se suponían lacios, por que eran muy pocos los que salían de aquel gorro cuadrado sobre su cabeza, llevaba una capa que había echado hacia atrás dejando al descubierto una camisa de una tela blanca, que se veía suave y cómoda. Poseía un fajín en el cual pudo visualizar una espada extraña, y los saquillos propios de aquellos que practican el arte arcano. Sus pantalones eran algo abombados, y se internaban en unas botas de caña alta, de color marrón. Todo su atuendo era de colores vivos, y muy refinado para las pieles convencionales de aquel pueblo. Salvo aquello, casi nada parecía relevante en él; excepto aquel báculo; aquello parecía ser una obra de arte hecho con una madera oscura, tenia aproximadamente un metro setenta de largo, y terminaba en una, muy bien tallada, cabeza de serpiente con la boca abierta, sosteniendo una piedra roja. Aquel debía de ser el objeto maligno que la llamaba.

El mundo cobro sentido para el repugnante ser, el bebé ya carecía de importancia. Ahora debía tener aquel objeto, pero ¿cómo? Aquel muchacho parecía saber algo de magia, y tocaba aquel bastón con cierta seguridad, lo que le hizo pensar, que tal vez sabría usarlo de forma, ligeramente efectiva.

Mientras ella se perdida en aquel mundo de especulaciones; Shaumar se arrodillo en el piso, y tensó su arco con toda su fuerza, en cuestión de segundo se dejo llevar por el placer de usar aquel arma, en cuestión de milésimas de segundo, se hizo uno con su arco y flechas, en esos momentos los tres elementos dejaron de ser cuestiones separadas, para volverse un solo ser. Así disparo de forma precisa; y su flecha se incrusto sin dudarlo en los omóplatos de la bruja.

Imzel no pudo evitar hacer de las suyas, así que a la misma velocidad que Shaumar disparaba; ella conjuró un sortilegio dañino contra el demonio. Una descarga de energía, un rayo salió de sus manos e impacto en e el ser haciéndole soltar bulto y escoba.

Para la gloria de Bhala, y la suerte del bebé; Akanaki reacciono rápidamente, su mente no lo llevó concebir la idea de atacar, si no la de salvar. Así que apuntó con el báculo al bulto que se precipitaba velozmente hacia el suelo, y mascullo una frase arcana. Rápidamente su deseo de detener el vuelo de la criatura se llevó a cabo. Y el bulto flotó unos cuantos centímetros sobre el suelo, para luego volar placidamente hacia sus brazos.

El bebé lloraba con fuerza. Era su llanto una mezcla de la furia, el miedo, la desesperación y la frustración. El joven comprendió el llanto de aquel ser y no pudo evitar hacer algo más allá de sonreír.

-Ya pequeña, todo mejorara- le dijo, para acto seguido iniciar una nana y luego acercar su bastón a la cabeza de la pequeña. La gema brillo tenuemente durante unos segundos y luego se apagó, cuando aquello ocurrió la criatura respiraba de forma acompasada, y se hallaba sumida en un dulce sueño.

Shaumar ignoro al brujo extranjero. Desenvaino rápidamente su espada corta y sin dudarlo ni un segundo o darle tiempo a aquel ser, trato de decapitarlo. Por su lado el ente metió su mano en un bolso y de él salió un extraño cuervo de apariencia siniestra al cual masculló algo y dejo escapar. Imzer trato de advertir a Shaumar, de ordenarle que evitase aquello, pero el joven Berseker ya se había adelantado y decapito a aquel ser demoníaco. Ella trató de disparar unos proyectiles de fuego contra aquel ser, pero sus fuerzas estaban menguando, y el asunto que se desarrollaba justo frente a ella poseía una relevancia mayor.

Con soltura y arrogancia camino hacia el joven que tenia al bebé en sus brazos y en perfecto común le dijo.

-Entrégame al bebé, extranjero-dijo- gracias por tu ayuda, pero todo estaba controlado.

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Esta entrada fue publicada el 9 febrero, 2010 por en Fanfic, Literatura.
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