En la Antesala Al Portal Oscuro

El Asesino de Thayanos II

-Te dije que te fueras anciano-gritó el mercenario por el pequeño ventanal de la puerta al anciano que llevaba varias horas tratando de conseguir algo de comer y un lugar donde dormir-no me obligues a salir cogerte a patadas hasta el arrabal.-cerró la ventanilla de sopetón y fue a sentarse en una pequeña mesa donde tres soldados mas lo esperaban. El juego de cartas estaba muy interesante y cada vez se perfilaba más a su favor, sin duda Tymora le sonreía aquella noche.

-El mismo viejo- dijo uno de lo mercenarios-cuando esas ratas de albañal entenderán que no conseguirán piedad por aquí, ¿Por qué no buscan trabajo?

-A mi no me mires, sinceramente no sé.- le respondió otro mercenario-calla y juega

La puerta volvió a sonar, al parecer alguien tocaba. Lleno de ira el combatiente se puso de pie, busco a su alrededor un balde, escupió y orino en él, obligó a los demás hacer la misma gracia y luego se dirigió a la puerta. Aquel viejo ya aprendería a no molestar más. Estaba vez no abriría la ventanilla, estaba muy seguro de que era de nuevo el anciano. –A parte de mendigo, sordo y entupido-dijo más de una vez. Los goznes de aquel portón lanzaron un gemido; todos lo que escuchaban pensaban que la puerta lloraba o se quejaba por ser molestada.

El mercenario levantó el balde, colocó sus pies en la posición precisa y arrojó aquel montón de porquerías sobre su blanco. Mientras aquellos esputos y líquidos cruzaban el aire, el mercenario abría los ojos y comenzaba ya regodearse en el sufrimiento ajeno.

-¡Por las pequeña y calenturienta cabeza de Cyric!- Blasfemó una voz atronadora -¿Qué me haz lanzado encima?-preguntó lleno de furia. El mercenario levanto la vista y vio a una criatura de color azul, de unos tres metros de alto, que parecía ser la mezcla entre un hombre y un sapo. La criatura golpeó el portón con fuerza y lo derrumbó mientras pasaba su inmensidad a través de la abertura.

Varias bolas de fuego estallaron en los cielos. El calor y el ruido aturdieron a muchos de los soldados y sacó a otros de sus camas. La alarma se corrió y en cuestión de minutos, en el patio había alrededor de veinte hombres armados combatiendo contra aquel hombre sapo, que con su gran fuerza y poderes estaba acabando con ellos, con la misma facilidad que un niño acaba con un hormiguero.

Tres figuras vestidas de azul aparecieron flotando sobre el muro, gesticulaban y recitaban frases arcanas. En cuestión de segundos una niebla densa cubrió todo el patio. Los soldados apenas podían defenderse, la niebla nublaba su vista, no podían ver al hombre sapo y mucho menos a los magos. Así que no podían hacer nada cuando una garra azul salía de entre la niebla y los aplastaba como cucarachas, o cuando un rayo de energía surgía y los impactaba de lleno. Aquello era un caos.

Dazon se levantó al escuchar el ruido del combate. En su mente comenzaron a flotar aquella serie de preguntas tales como ¿Quién hacia esto? ¿Quién se atrevía a hacer esa locura? Durante un rato, mientras revisaba sus posesiones, se vestía y buscaba pergaminos y objetos mágicos con los cuales complementar el escaso arsenal de conjuros preparados, se percató de que era muy probable que los agresores de la mansión fuesen los mismos atacantes del enclave.

-La pagaran-se dijo mientras salía de su habitación y se dirigía a la habitación de su hermana. Amatista dormía tranquilamente, aun respiraba.

***

Aloth era un caballero de Thay; pertenecía a un selecto grupo de guerreros que se dedicaban a fungir como guardianes de los magos rojos. Sabía como combatir y hacerle frente aquellos seres. Al escuchar los ruidos de combate, no se apuró. Se tomó con calma la situación y se vistió, preparó sus armas y reviso sus estrategias. Salió al pasillo de la planta baja, listo para salir al patio y enseñarle a los mugrosos mercenarios y a los magos atacantes como peleaba un verdadero hombre, como luchaba un Thayano.

***
 

El pasillo era amplio, dos soldados podían estar de pie hombro con hombro en el mismo y aun quedaba espacio para maniobrar. Los dos soldados de la casa observaron como aquella figura de azul corría hacia ellos. Como guardianes de un lugar donde medraban los practicantes del arte, sabían por las vestimentas que el hombre de azul era un mago.

La figura se detuvo frente a ellos, llevaba su rostro cubierto con una capucha, su túnica era azul y su cinturón parecía estar lleno de bolsitas y demás componentes. Un mago novato, o que no conociese el terreno se habría sorprendido al verlos a los dos allí o eso pensaban los guardias; pero aquel hombre demostraba todo menos miedo. La forma en la que estaba parado y les hacia frente demostraba que poseía una gran seguridad, ya fuese en sus poderes o en el conocimiento de la zona.

-Fuera de mi camino cachorros-dijo-la muerte espera a aquellos que osan desafiar el avance del destino. –agregó el mago, pero el temor a sus amos y el amor a la paga eran mucho mayor que la filosóficas y fatuas palabras que el hombre profirió.

-Hoy conocerás el sabor del fracaso y veras el reino de tu dios-grito uno de los soldados y sin dudarlo avanzó.

El mago sonrió e inicio una salmodia mientras que con gran velocidad gesticulaba, acto seguido arrojo una pequeña esfera de metal a los pies del soldado. La explosión que siguió fue sumamente atronadora. El sonido lo golpeó todo en especial al soldado que salió despedido hacia donde se hallaba su compañero. Los muros se agrietaron y el techo tembló.

El soldado que se había quedado atrás, recibió de lleno el impacto. Pero no solo sufrió el dolor que le causó el cuerpo-proyectil de su amigo, si no que aquella explosión de sonido lo había dejado mareado, todo daba vuelta y sus oídos pitaban con fuerza. De haberse visto la cabeza se habría dado cuenta, que debido a los hilillos de sangre a los costados de su cráneo, se había quedado completamente sordo.

-Por Mystra que he sido compasivo con vosotros dos esta noche.- respondió el mago mientras pasaba por encima de aquel par y remontaba por una escalera.

***

Dazon caminó por el pasillo y se asomó por la ventana que daba al patio. Allí había una batalla campal, el joven mago rojo observó con calma a los personajes que se encontraban en liza. Uno era una criatura de unos tres metros, de piel azul y con una cabeza similar a la de un sapo.

-Un Slaad-dijo el joven- ¿Acaso esos magos estaban locos?-agregó, traer a un Slaad al mundo era algo temerario ya que muchos de estos seres poseían la cualidad única de implantar en el cuerpo de los mortales sus huevos. Así que cada soldado mordido seria probablemente en varios días un Slaad de categoría inferior. -¿Los estarán controlando de alguna forma?-se preguntó. Con calma abrió la ventana y observó. Sobre la muralla tres figuras de azul flotaban y lanzaban varios conjuros para apoyar al Slaad.

En algunas zonas el conjuro de telaraña estaba activado, y sobre ellos algunos conjuros de nubes mortales y pestilentes. Una sonrisa se dibujó en sus labios al observar como los mercenarios morían ahogados por las telarañas y las nubes mortales o apestosas.

-Eso es estilo-masculló mientras llevaba su mano a su cinto, de allí extrajo una pequeña vela que introdujo en un saquillo de cuero, luego colocó un pedazo de carne seca y se concentro. Inhaló y exhaló mientras que mentalmente evocaba las palabras arcanas. Estas brillaron en la oscuridad de su mente y en pocos segundos ardían en su cabeza, miró hacia el patio y rápidamente eligió un lugar; una vez que lo halló inicio la recitación.

Las palabras bajaron de su mente hacia sus labios con gran presteza y soltura, a la par gesticuló varios pases con la bolsitas, al final esta brillo en sus manos. El color del destello era verde, ese mismo destello se pudo ver en el patio. La luz lentamente comenzó a tomar forma y al final apareció un gran pórtico translucido este titiló y pasó a expeler unas nubes verdes que expulsaron la pestilencia de los conjuros previos. Cuando todo aquello se desvaneció apareció en el medio del campo una criatura de aproximadamente unos dos metros de altura, tal vez más pequeña que el Slaad. La apariencia de aquel ser era la de una criatura de aspecto humano envuelto en cadenas de todos tamaños, arrastrando cajas y candados.

Aquel ser dirigió su mirada hacia donde se hallaba Dazon, este sintió como si le estuviese clavando una estaca en su cabeza. Los libros estaban en lo cierto todos los diablos o demonios siempre se molestaban cuando eran conjurados a la fuerza, todos trataban de librarse del yugo de aquellos que los traían a este plano.

Dazon consideró dejar que el diablo estuviese por su cuenta, pero luego desistió no podía permitirse ese lujo; aquel era un riesgo que no estaba dispuesto a correr. Así que hizo acopio de toda su fuerza de voluntad a la par que trataba de imaginar al ser sometido a su voluntad; en pocos segundos lo logró, o el ser desistió no lo quiso saber, lo cierto es que la criatura sin dudarlo atacó al Slaad.

El joven mago se sentía satisfecho con lo que había logrado, así que se alejó de la ventana; camino hasta el final del pasillo una vez allí escuchó los sonidos de una batalla. Trató de bajar, pero antes de hacerlo masculló un conjuro defensivo, una vez logrado aquello bajó escalón por escalón tratando de hacer menos ruido del que un gato haría.

El mago de Túnica azul llegó a una gran sala, parecía ser una de esa donde se tomaba té y se charlaba, sinceramente todo estaba resultando ser muy fácil, así pensaba el joven mago hasta que se dio de frente con Aloth. El hombre que se hallaba frente a él, vestía una armadura completa, absolutamente negra, esta tenia detalles de calaveras y demonios. Portaba en su brazo derecho un gigantesco escudo con tres surcos verticales y tres horizontales, y en su mano izquierda una espada que despedía un fulgor violeta.

-Veo que no todo ha sido muy fácil-dijo el mago en común mientras hacia una reverencia.

-Has entrado en mi recinto por la fuerza, has traído la ruina y el caos a mi casa, y Aun así muerte ¿Deseas que te reciba como un rey?-recitó Aloth en su lengua natal.

-Muy bonito para un Thayano, y te ha quedado de pelos la analogía-agregó el mago mientras dejaba caer al suelo una esfera negra. Esta una vez que tocó el piso comenzó a rodar hacia la salida, Aloth en seguida supo que trataba de advertir a sus cómplices.

-Veo que hay más de ustedes por aquí-dijo en común-también veo que no presentas acento alguno, dime pues ¿Eres nativo de Thesk?

-Nada más lejos de la verdad-respondió este con una sonrisa y otra caravana- mí nombre es Aeleth

-¡Angladorano!-Exclamó y luego escupió al piso. –Será un placer colocar tu cabeza en una pica. –agregó y acto seguido avanzó contra su oponente. El mago de túnica azul masculló una frase rápidamente mientras señalaba hacia el guerrero.

En el aire, de la nada apareció una esfera de fuego que se movía a la voluntad de mago y que impactó de lleno en el escudo del Aloth, pero en vez de hacerlo retroceder una de las barras brilló, y el conjuro se desvaneció.

-¿Te sorprendes?-inquirió divertido- por la expresión en tu rostro veo que es una pregunta obvia.

-Ese es un escudo peculiar

-Déjate de monsergas, hoy caerá sobre ti el velo de la noche-agregó y acto seguido avanzó de nuevo. Pero el mago fue más rápido y señaló el escudo con una varilla de oro, a una frase suya de esta surgió un rayo que se desvió e impacto de nuevo en el escudo. Tres de los seis surcos se iluminaron.

Aeleth sintió pánico. A diferencia del mago Aloth avanzó con espada en alto y atacó al joven, pero los reflejos “arcanos” de Aeleth eran más sensibles de los que se imaginaban y se disparó un conjuro protector. La espada chocó contra un muro invisible y saltaron chispas en todas las direcciones. El mago retrocedió mientras sonreía.

-¿No contabas con eso?- metió sus manos en un saquillo y sacó algo de polvo y de una especie de limadura de hierro o eso le pareció a Aloth. El hombre masculló unas frases mientras trazaba varios signos con el puño cerrado, una vez que abrió la mano señaló al guerrero; de su mano surgió un rayo de energía, de un verde esmeralda.

La energía cruzó el aire y mientras hacia eso, el rostro de Aeleth se iluminaba y el de Aloth brillaba aun más. El caballero Thayano había reconocido aquel hechizo, este era el poderoso conjuro de desintegración, el cual si impactaba en su cuerpo lo disolvería y si lo hacia en el escudo o cualquier otro objeto lo destruiría igual; pero con lo que no contaba el mago era que aquel escudo era muy singular.

Al ser impactado por el rayo el escudo brilló con fuerza y no se desvaneció como lo esperaba Aeleth. El caballero lo alzó y se dirigió hacia su oponente a la par que mascullaba una simple orden en el lenguaje blasfemo de los planos inferiores.

-¡Mis protecciones! ¡Has disipado todas mis protecciones!-gritó aterrorizado Aeleth.

-Sí, un poder muy peculiar-dijo con alegría en Mulhorandi y sin más avanzó con una rapidez asombrosa, su rostro brillaba de alegría, se veía mucho más rejuvenecido, sin duda matar Angladoranos era algo que al buen Aloth le encantaba.

Dazon bajó las escaleras mientras aplaudía y sonreía. Se detuvo a unos cuantos paso del cadáver y observó al joven en la armadura. Este era sin duda un mulano como él, llevaba su cabeza descubierta y la mitad de su cara tatuada; su expresión era de plenitud y gozo absoluto.

-Haz hecho un buen trabajo- le dijo- levantaremos el cadáver e invocaremos al espíritu para que nos aclare unas cuantas dudas.

-Pero su ilustrísima primero debemos acabar con los atacantes.

-De eso me he encargado ya, aunque deberíamos darle una mano.


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Esta entrada fue publicada el 4 agosto, 2010 por en Fanfic, Literatura, Saber RO.
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