En la Antesala Al Portal Oscuro

El Asesino de Thayanos III

***
-¿Entonces los rumores son ciertos?-preguntó Andariel a su interlocutor. Un hombre de apariencia convencional, parecía un simple labriego pero en realidad era un agente de los Amos de la sombra.
-Si la casa de los Thayanos fue brutalmente atacada, pero nadie sabe quién lo hizo. Algunos especulan que fueron los mismos que atacaron el enclave.
-Existe tanta gente que odia a los thayanos que esa lista puede ser extensa-respondió Andariel- por las Dagas de Mascara- exclamó y en  respuesta su interlocutor abrió los ojos asombrado y molesto a la vez.- discúlpame-agregó el joven mientras le daba una bolsa y colocaba tres pieza de oro en la mesa.- Esto paga lo que consumí y unas cuantas cervezas para mi amigo-le dijo a la mesera y acto seguido salió a la calle.
El día era agradable, el sol estaba en lo alto pero su calor no parecía abrasador como en otras épocas del año, aquel verano parecía iniciar con buen pie. Las calles de Tammar estaban ligeramente atestadas, en especial de pequeñuelos que jugaban, corrían y saltaban. Aquello tuvo poco efecto en el joven quien se encontraba absolutamente perdido en sus pensamientos.
-¿Habrán sido los Rashemi?-se preguntó, pero al recordar los detalles confiados por su contacto se percató que aunque era un estilo muy agresivo, no tenía ninguna semejanza con el proceder de esta nación y sus líderes; Pensó luego en los mismos Amos de la sombra, pero de nuevo la escasa sutileza en aquellos ataque lo hizo desistir. No podía ser tampoco la fuerzas de Anglarond, por que la reina de aquella nación había firmado un tratado de no agresión contra los mago.  El joven siguió caminando por las calles mientras consideraba a otros grupos, pero nadie parecía encajar en aquella forma de proceder. Sin duda aquel ataque debió de haberlo realizado otro mago rojo.
El golpe en su cabeza lo hizo volver en si; sin duda el dolor era lo mejor para hacer reaccionar a una persona. Andariel abrió los ojos y buscó al perpetrador de ese crimen, no tardó mucho en encontrarlo. Una esfera de cuero y trapos se hallaba a sus pies y a unos cuantos metros una banda de niños guiados por un pequeño semiorco  le pedían encarecidamente que le facilitase la pelota. Haciéndose el duro, el joven les proporcionó el juguete a la par que les rogaba que tuviesen más cuidado la próxima vez.
-¡Estos niños de ahora no respetan a nadie!-le dijo una voz y allí a su lado salido de la nada se encontraba un hombre muy bien vestido, sus colores eran pasteles y sus ropas estaba muy bien cuidadas.
-¡Ropa nuevas, Deb!-exclamó el joven- ¿En eso gastas tu dinero?
-Pura seda y algo de algodón-respondió el interpelado- creo que la seda viene del  mismismo Shou Lung
– ¿No estas seguro? – inquirió el joven mientras lo observaba de arriba abajo. Luego se observó a si mismo y se percató que él vestía ropas algo comunes, botas de caña alta, camisa blanca de algodón, unos pantalones marrones, una capa que había visto días mejores; a parte de aquello solo destacaba su estoque y una daga; realmente Andariel no poseía nada que pareciera de valor.
-No presto atención a esas nimiedades-respondió el otro
-Y, ¿Supongo que le prestaste tan poca atención al precio?
-Regatee y logre un buen precio.
-¡Por las trenzas de Tymora que te estafaron!-agregó el joven- Por cierto, ¿Sabias que los thayanos locales fueron atacados anoche?
-¡Vaya de lo que uno se entera!-exclamó Deb- ¿De quien sospechas?
-Mi lista es larga, pero ninguno concuerda con el proceder de esos atacantes; parecía que la vida de los Thayanos les importaba bien poco.
-Creo que la lista de a quienes les importa un comino la vida de un thayano, debe ser bien larga.-respondió Deb mientras acompañaba al joven por su transitar.
-Deberíamos corregirnos
-¿Por qué?-preguntó anonadado el otro.
-Puesto que no todos los thayanos son magos rojos
-Pero todos los magos rojos si son thayanos.-le respondió el otro. Andariel se molestó un poco pero Deb tenia razón, los miembros de la Oligarquía que reinaba en Thay debía de ser Thayanos de pura sangre.
-Por cierto ¿existen otros operativos dentro de la ciudad?-le pregunto Andariel
-¿Por qué lo preguntas?-inquirió Deb.
-Por que nosotros, los que tocamos el arpa tenemos grandes problemas de comunicación-Agregó Andariel.
-Eso no lo pongo en duda- Deb suspiró y agregó-No somos muy queridos por esta zona, así que salvo que sea un renegado, ningún arpista realizó aquel atentado.
-Eso espero-respondió Andariel.
-¿Por que te preocupa tanto que hallan atacado a los Thayanos?-le preguntó Deb algo consternado- ¿No tienes una novia en aquel sitio?
-No-respondió Andariel- pero temo que halla algo más fuerte que los magos rojos, merodeando por esta zona.
-Claro que los hay, y no desearías meterte con ellos-le manifestó Deb- te recomiendo que te quedes tranquilo y esperes que se te asigne alguna misión.
-Tengo un mal presentimiento Deb, y este tiene su origen en el hecho de que los Magos rojos no ha contraatacado.
-Se habrán metido con los Amos de las Sombras o las Espadas de Oro.
-No lo creo-respondió el joven. Andariel se percato que había llegado a una de las calles principales.- ¿A dónde iras Deb?
-¡Tengo asuntos que resolver en la calle de los perfumistas!-le dijo mientras le picaba el ojo. – ¿Tu que harás muchacho?
-Seguiré tu consejo e iré a ganarme la vida como mejor se.
-¿Cómo?
-Ofreciendo mis servicios como mercenario- agregó y luego sin miramientos alguno se alejó del petimetre con gran celeridad.
***
                Dazon verificó por tercera vez que las bridas estuviesen en su lugar, el bocado, sus raciones y sus implementos arcanos.  Debía estar seguro de que todo estaba allí, por que estaba seguro de que podría ser atacado en cualquier momento por la misma gente. Él ya sabía lo que ellos estaban buscando.
-Veo que sales de viaje. –Dazon se volteó y se percató que frente a él estaba un hombre, vestido de rojo, con su cabeza rapada y con una mascara que cubría la mitad de su rostro. Aquel hombre encorvado mostraba en su cuerpo las claras señas  del ensañamiento del tiempo contra los mortales.
-Maestro Hanaku- respondió Dazon realizando una reverencia frente a un hombre que era obviamente superior.
-¿Tan mala ha sido mi hospitalidad o es pena por los eventos de anoche?-inquirió el mago.
-Tiene que ver con los eventos acaecidos ayer, si señor.-respondió Dazon seriamente- no tiene nada que ver con su hospitalidad, aunque no puedo negar que estoy algo apenado por lo ocurrido.
-Eso no fue culpa tuya. –el joven masculló un entiendo mientras asentía.- Aloth me contó lo que dijo el espíritu de aquel mago.
-Me alegra que este al tanto mi señor-respondió Dazon- le facilite esa información a mi hermana- Dazon hizo una pausa al recordar el estado en el cual se hallaba su querida hermana, y no pudo evitar que el dolor y la desesperación anidara en su pecho.- ella habló de unos objetos en el enclave, así que iré a las ruinas a revisar.
-Eso quiere decir que serás un blanco fácil, ya que ellos pensaran que lo que buscan esta en tu poder-respondió el anciano-te atacaran sin dudarlo.
-¡Por Velsharoon! Que si me matan habrán perdido todo. Solo ganaré yo por que volveré desde el mundo de los muertos para vengarme.
-¡Cuanta Vehemencia!-replico Hanaku. –de todas formas  prefiero que llegues al objeto y te desquites estando vivo, Además, realmente deseo saber que poder esconde ese objeto desconocido. Debe ser muy grande para justificar un asalto como este.
-Sin duda- alcanzó a replicar Dazon, quien podía vislumbrar las intenciones de Hanaku. Deseaba cobrarse la afrenta de ayer y la destrucción causada por su culpa. Maldito infeliz.
-Por eso he dejado que mi buen Alaoth vaya contigo-dijo y acto seguido Apareció, casi de la nada, el caballero vestido en su armadura y montando un Alazán bermejo. – Alaoth te encomiendo la vida del joven Dazon.
-Será un honor su ilustrísima-respondió este.
-Su vida, será la tuya. Su destino será el tuyo.-agregó el viejo. Malas ideas comenzaron a rondar por la mente del joven mago. Aquel caballero había sido un excelente compañero en el combate de ayer; y sin duda su ayuda seria inestimable. Pero Dazon tenía la certeza de que Aloth poseía una meta ulterior delimitada por su amo. Dazon sabía que esa meta terminaría con él ensartado en una espada.
-También será la mía-respondió otra voz, y detrás de Hanaku hizo acto de aparición una figura que Dazon apenas conocía. Era un hombre alto y rubio, sus ojos eran azules y sus rasgos  eran fuertes, poseía una barba de dos días y una cabellera recogida en una trenza. Vestía ropajes blancos y dorados, y montaba un semental blanco. Aquel hombre destilaba seguridad y arrogancia.- Bane desea que el Jardín de anhelos de Dazon florezca- dijo mientras señalaba al joven mago- mi misión es hacer eso posible.
-¡Pero Maese Greg!, usted es la cabeza de nuestra capilla-dijo Hanaku. –Eres el máximo sacerdote del Señor de la tiranía y el miedo, en este lugar. Yo soy tu señor y no te he dado permiso para salir.
Greg llevo una de sus manos a su cuello y sacó debajo de su camisa, un medallón con un símbolo que Dazon no alcanzo a ver, pero estaba seguro, puesto que era obvio, que era el símbolo del dios de Greg. –Este es mi único señor maese Hanaku. Le amo y temo tanto que me importa poco vuestra ira y reconcomio.-hizo una pausa teatral y le preguntó al mago rojo -¿Partimos ya o vas a esperar que el sol este en su punto más álgido?
***
Andariel observó con cierta indiferencia al gigantesco hombre que se hallaba sentado justo frente a él. Aquel individuo portaba una gigantesca espada, un rostro de malos amigos y lo que parecía ser una falda multicolor. Aquella vestimenta era extraña, sin duda no partencia a la zona de Thesk ni a cualquier otra localidad cercana; sólo había un sitio en todo Toril donde un hombre se vestiría así; en las tierras del oeste, seguro que más arriba de la tan nombrada Aguas Profundas, habría sitios donde hombres como ese serian comunes.
El joven  espadachín no podía dejar de pensar en lo salvaje y exótica que deberían ser aquellas tierras, tomando en cuenta que de su seno surgían hombres con aspectos tan feroces, indómitos y al parecer carente de intelecto. Algo en su mente se activó y lo reprendió por subestimar a aquel guerrero, puesto que generalmente las apariencias engañaban.
Al lado de aquel molesto individuo se hallaba otro hombre, este era  delgado en comparación al norteño, su aspecto también era indómito, pero su actitud era la de una persona sometida o temerosa del hombretón.
Sin duda es su lambiscón personal -se dijo Andariel al observarlos con más detalles. De repente se percató que aquel individuo portaba un arco, y supo enseguida que ambos hombres debían de ser un equipo formidable. Debían de trabajar juntos, no solo por que ambos fuesen extranjeros y tuviesen pintas de ser de la misma  zona, si no por que parecían tener una buena relación. –sin duda se conocen– pensó el joven más de una vez.
-Esperar realmente no me agrada-dijo el Hombretón en voz alta y con un acento con las erres muy marcadas- sinceramente estoy ansioso de partir de una vez.
-Pues tendrás que esperar-respondió una voz, acto seguido entró en la habitación Beggel. Aquel era el dueño del local conocido como la Renta, donde la gente pudiente y las caravanas podían contratar mercenarios. Beggel era un hombre obeso, de cabellos negros, ojos de ratón y piel olivácea. Vestía ropas lujosas que gritaban a los cuatro vientos que era un hombre acaudalado; sus manos portaban una serie de anillos y su cuello un gran medallón con el símbolo del gremio de mercenarios.
-Quien esta solicitando mercenarios es un miembro de los Magos rojos de Thay. –Dijo – Este cliente tiene una misión muy peligrosa y particular, ha solicitado dos combatiente pero estoy seguro que le hará falta uno más-agregó y miró a Andariel- como siempre les digo a quienes propongo para estos trabajos, recuerden que ustedes no solo se están representando a ustedes mismos, si no a algo mayor. –Hizo silencio y luego agregó- recuerden que la gente confía en sus cualidades, si ustedes fallan, este lugar falla, y en los años que llevo aquí ningún mercenario me ha fallado- bajó la voz y agregó- Y quienes me fallaron, están ahora en los brazos de Kelemvor, ¿lo entendieron?-inquirió.
El viaje estaba resultando ameno, tal como Beggel lo había predicho el mago rojo acepto que él se uniese al grupo. Al parecer se dirigirían al enclave o mejor dicho a las ruinas del enclave. Sinceramente Andariel cuestionaba una y otra vez la cordura de aquel mago. ¿Qué esperaban hallar allí? ¿Restos de objetos mágicos? Sinceramente el joven no podía comprender la magnitud de aquel evento, es más no lograba entender por que aquel mago necesitaba guardaespaldas para ir a una ruina.
Recuerda que fueron atacados anoche-le comentó una voz en su mente y el joven arpista no pudo hacer nada más que asentir, sin duda tenia razón.
Dazon no se fiaba de aquellos mercenarios, realmente no los necesitaba él podía cuidarse por si mismo. – Aunque nunca esta de más un escudo cuando tus enemigos arremetan contra ti-se dijo- me ahorraré algo de dinero poniéndolos al frente no más aparezcan mis rivales, serán sin duda un excelente escudo-se dijo y volteó a ver. Aquel grupo de bárbaros era variopinto en especial el hombre venido del Oeste. Las tierras occidentales se oponían siempre al poderío de Thay. Dazon sonrió al recordar la historia de rotundos fracasos sufridos por su nación en aquellos derroteros.
-Mi país esta lleno de ineptos-dijo en voz alta sin darse cuenta.
-¿Qué dijo mi señor?- inquirió Alaoth algo consternado.
-Que Thay esta plagado de ineptos-respondió el Clérigo de Bane-cosa que no pongo en duda, de ser tu nación una fuerza unificada, su poderío seria inigualable.- hizo una pausa y levantó su vista al cielo.- Azul, puro y libre de cualquier nube, este es realmente un buen día.
-Para mi hay mucho sol-respondió Dazon.- Realmente este clima es objetivamente deprimente, si fuese un poco más… gris-agregó.
El ocaso encontró al grupo en el camino, habían salido muy tarde de la ciudad y aquello fue inevitable. El líder de la expedición deseaba continuar el viaje, al fin y al cabo, las ruinas no estaban muy lejos, pero Greg les recomendó descansar antes de iniciar semejante empresa. Dazon escuchó lo argumentos del hombre y decidió que tenia razón, pero aun así puso mala cara.
El campamento improvisado resulto ser un agobio para el pobre Andariel, quien se vio en la obligación de hacer la hoguera y preparar la comida; el único que lo asistió fue el hombre de la armadura oscura. El joven sabía que era un Thayano también, media cabeza rapada y tatuada lo delataba, pero no  entendía por que vestía como un caballero.
Mis conocimientos sobre esa nación son escasos-se dijo más de una vez con un tono de reproche.
Después de un buen rato, un fuego ardía con fuerza y un fuerte olor a guisado lo impregnaba todo. Anadriel se percató que los dos norteños se mantenían juntos; de repente se dio de cuenta que no se sabía el nombre de ninguno, bueno realmente le interesaba muy poco saber como se llamaban esos dos brutos. Miró al Mago rojo y como era de esperarse este se encontraba alejado leyendo un libro, sin duda alguna seria su libro de conjuros. El otro hombre había desaparecido; Andariel estuvo tentado a preguntarle al hombre que lo ayudaba, pero sinceramente consideraba  que aquello no era de su incumbencia.
Con paso decidido y fingiendo preocupación se acercó a la marmita y al hombre la Armadura quien la vigilaba.
-Veo que el calor no te molesta-dijo Andariel. El hombre lo escrutó, el joven arpista era consiente de que lo estaban estudiando, de la misma forma que un mago de la muerte estudia con detenimiento un cadáver, por ello el joven trató de parecer los mas ingenuo posible.
-Esta armadura esta encantada-respondió secamente en un común con un acento muy marcado.
-Y a ti te gusta estar listo frente a cualquier inconveniente- agregó Andariel
-Cuando el motivo de tu vida es proteger a otra persona, si- respondió estoicamente.
-Mi nombre es Andariel, soy de Cormyr, ¿Y tú?
-No me interesa-respondió secamente.
-Estamos trabajando juntos, deberíamos saber como nos llamamos en caso de que tengamos que comunicarnos durante un incidente-respondió Andariel, fingiendo que aquella mala respuesta le importaba muy poco. Realmente le había afectado en cierta medida, pero por conseguir información un arpista debía hacer de tripas corazón.
-Alaoth, y mi nación es obvia-respondió. Andariel en respuesta sonrío y masculló una frase alentadora que el caballero thayano apenas alcanzo a escuchar.
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Esta entrada fue publicada el 8 agosto, 2010 por en Fanfic, Literatura, Saber RO.
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