En la Antesala Al Portal Oscuro

El Asesino de Thayanos IV

***

Aquellas eran ruinas de verdad. Del enclave muy poco quedaba salvo el esqueleto de algunas partes de las edificación. Durante un buen rato Dazon se mantuvo al límite del sitio observando el lugar donde su hermana había sufrido aquel daño tan extendido. A su mente vinieron un sin fin de ideas, un sin fin de comos y por que, en fin de razones. Pero ninguna justificó lo hecho aquí.

Sin duda una nación como Thay, que poseía un largo prontuario y una política exterior agresiva y ahora una muy comercial; sin duda le sobrarían enemigos. Una organización como los Magos rojos tendría un sin fin de enemigos que empezaban con sus propios miembros y terminaban con todas las iglesias del bien. Pero ¿Qué clase de enemigo era capaz de realizar un ataque de esta magnitud? Sin duda parecía algo arreglado, premeditado hecho por alguien con ansias de venganza, pero ¿Quién no desea vengarse de Thay? Se pregunto más de una vez. Al cabo de un rato Dazon llegó a la conclusión de que buscarle razones a aquello era perder el tiempo, mejor era continuar con su misión.

-Avancemos-dijo secamente y puso su caballo en marcha.

La orden había sido remover todos los rincones y tratar de conseguir la mayor cantidad de objetos de aspecto no mundano. Aquello seria difícil, por que seguro este sitio ya habría sido profanado; pero a Dazon le importaba poco lo que pensaran los mercenarios sobre qué era difícil y qué no lo era. Andariel cada vez más se sentía arrepentido, de verdad aquello no justificaba nada.

-Este maldito no sabe lo que quiere-escuchó decir al norteño.

-Tranquilo David, míralo como un ejercicio y como una forma escasamente peligrosa de ganarse unas cuantas piezas de oro-respondió el otro hombre.

-¡Nada de eso!-le imprecó el hombretón- Darryl, nada de eso. Esto es humillante, yo no soy un siervo, soy un combatiente. Yo no deje Diez Ciudades y un sin fin de trabajos y retos en el oeste para ser un limpia escombros.- agregó.

-Bien-respondió Darryl- Yo ya llene mi saco, se lo llevare al perro rojo con una sonrisa en mis labios y ganare puntos con ellos.

***

-No parecen muy contentos, mi señor-Dijo Aloth mientras le daba sombra a Dazon quien sentado en una roca revisaba varios objetos a sus pies.

-Nadie que esta contratado para un trabajo específico le gusta hacer algo inferior- respondió Greg mientras observaba el cielo.- ¡Oye! Dazon ¿Qué objeto crees que será el que estas buscando?

-Yo cree una vez un conjuro para identificar el aura de mi hermana-respondió Dazon- cualquier objeto que ella halla tocado brillara para mi-agregó- cree ese conjuro por que mi hermana tenia la “mala costumbre” de apoderarse de mis componentes, materiales de trabajos y libros de conjuros cuando yo no estaba o confundía y mezclaba nuestras posesiones y objetos propios del arte. También hacia desaparecer un sin fin de cosas y me culpaba a mi. –comentó con una sonrisa en los labios, Dazon se percató que la alegría volvía a su pecho al recordar aquella época de estudiante.

-¡Vaya que Amatista era terrible!-respondió Greg con una sonrisa- ¿Crees que te tardes mucho?

-Sin duda-respondió el mago cortante.

-Entonces yo daré una vuelta, realmente esto me aburre y deprime.- dijo mientras se ponía de pie y se alejaba del sitio.- Que Bane os acompañe en espíritu –agregó.

Dazon escuchó aquellas palabras con calma, y sintió un extraño escalofrió.

-Que Velsharon escupa a los pies del Tirano para que extravíe su camino-masculló en su lengua natal

Varias horas transcurrieron, de eso se percató Andariel cuando sentado, en lo que otrora fuese una viga, observaba como Dazon revisaba cada uno de los objetos que habian llegado a sus manos. Aquello era una gigantesca pirámide de objetos variados. El joven sonrió al ver el trato que el mago rojo les dio a algunos. Generalmente a los libros, en los cuales el daño no era muy extenso, los guardaba en una bolsa muy extraña, esta tenia la particularidad de no cambiar de forma a pesar de que se introdujesen dentro de ella objeto que excedían su aparente capacidad. Por otro lado desecho varias varitas, anillos y cetros de metal, que ahora solo eran eso minerales amorfos.

A Dazon poco le importó que los norteños se apropiaran de varios anillos derretidos, realmente al mago no le interesaba lo que hiciesen. Debido a eso el joven arpista no podía dejar de preguntarse la razón de por que se encontraban allí. Si bien era cierto que había una gran probabilidad de ser atacados por aquellos magos que atacaron la noche anterior; también era cierto que era muy probable que frente al fracaso de la noche previa, aquella cábala desistiese de sus intentos violentos. En fin nada se podía hacer más que esperar y cumplir ordenes.

-Lo encontré- mascullo Dazon mientras tomaba entre sus manos, una caja de madera intacta. Aquel objeto brillaba con un aura rosa, que le abrumaba sensorialmente. De repente sus pensamientos se fueron hacia su hermana, la sintió cerca, percibió el perfume de su hermana inundado sus fosas nasales, y durante un momento casi la escucho reír. Realmente el hecho de estar tan lejos de ella, hacia que aquel conjuro se manifestase de una forma tan inusual.

Mientras se encontraba perdido en sus ensoñaciones, el cielo se fue oscureciendo, a pesar de que aun faltaba mucho para el ocaso.

-Gracias a Selune-masculló en su propia lengua el aguerrido joven, mientras tomaba un gran trago de agua. Observó a los norteños, al parecer se habian hecho con los suficiente objetos y ahora jugaban a los dados. Del clérigo no había rastro y Aloth el caballero estaba de pie al lado de su maestro. A Andariel le asombró aquella lealtad, con una armadura tan pesada y seguro tan caliente el hombre se mantuvo de pie al lado del mago, sin importarle en lo mínimo el castigo que le propinaba el sol.- Realmente Lathander suele ser muy cruel-dijo para si mismo mientras se percataba del cambio. Por una extraña razón el vello de su nuca se erizó.

La caja era de caoba, exquisitamente pulida con chapas de oro e incrustaciones de piedras que, de lejos, parecían preciosas o semipreciosas. Grabada o tallada de cierta manera había un conjuro, realmente era un oración muy sencilla. Dazon masculló una frase arcana para identificar que magia actuaba en él y se percató que esta no se encontraba activa. Revisó la caja con detenimiento, esperando hallar algunos mecanismos ocultos que le pudiese hacer daño; después de varias revisiones a profundidad se percató que aquella caja no le haría ni el más mínimo daño. Acto seguido trato de abrirla.

La cerradura era de oro, aun estaba intacta, seguro se debía a la magia que pudo resguardarla. Pero Dazon se limitó a introducir una varilla en ella y mascullar una frase arcana. Un chasquido confirmo que la cerradura había cedido.

El cielo se oscureció a pesar de que la noche estaba a varias horas de distancia. Todo retumbó como si una tormenta de rayos se hubiese desatado. Acto seguido varias columnas carbonizadas aun en pie fueron a conocer al amistoso piso. Aquel sonido aterrorizó tanto al joven arpista que no pudo evitar ponerse de pie y desenvainar su daga y su estoque. Los norteños se burlaron de él, el mago y el caballero apenas se inmutaron por su actitud. De la nada surgió una niebla que lo rodeó todo; aquello si hizo que todos los demás se pusiesen de pie y prepararan sus armas.

-¡Por Tempus! ¿Qué clase de brujería es esta?-pregunto el hombretón. Una risa maniática y aterradora le respondió. Lentamente unas luces rojas comenzaron a aparecer entre la niebla que los rodeaba. Y acto seguido este elemento tomo la forma de un cráneo. Justo frente a aquél grupo una gran calavera de niebla con unos ojos rojos como antorchas los observaba.

-Bienhallado seas Dazon de Bezantur-respondió la calavera-veo que has dado con lo que tu hermana me hurto.

-Manifiéstate criatura- le imprecó Dazon quien, frente a aquellos comentarios, sentía como su sangre ardía con una fuerza inaudita.

-¿Criatura?- inquirió la calavera- ¡Vaya que estas molesto!-agregó-Bueno he de admitir que el termino hurtar fue algo exagerado- continuó la efigie mientras hacia una pausa, para luego continuar al ver que en el ínterin nadie parecía hacer nada- en realidad el ladrón fue un gnomo, pero este ahora debe estar ajustando cuentas con Kelemvor y Jergal.

-¿Entonces deseas lo que esta en esta caja?-dijo el mago rojo señalando el objeto- mi hermana y este naciente enclave fueron casi destruido por una vulgar caja y unos legajos.

-¿Legajos? En tus manos tienes uno de los secretos perdidos de Raumathar-respondió la calavera- y te ruego que me la entregues y os dejare vivir, por hoy- replicó la calavera.

-¿Y, si no lo hacemos?- preguntó Dazon.

-Pues tendrán que vérselas con mis amigos- dijo la voz mientras la nieblas se replegaban un poco y dejaban al descubierto una serie de criaturas. Dazon se asombró al ver a aquellas cosas. No tenia nombre alguno para ellos, parecían unos insectos con forma humana, sus manos, o por lo menos donde deberían estar estos apéndices si los poseyesen, le recordaban vagamente a los de una mantis religiosa, mientras que sus cabezas eran ovaladas con unos ojos lechoso y una boca que recordaba a la de una sanguijuela.

-¡Por los Caballos de Tempus! ¿Qué son esas cosas?-imprecó Darryl

-Yo los llamo spriggans –respondió la calavera-son una creación mía, mezcla de varios seres y un sin fin de rituales necrománticos. ¿Qué te parece mago? ¿Te da envidia el ver como alguien juega a ser dios y lo logra?-preguntó alegremente aquella imagen.- Acaso no es lo que desean todos los Thayano. Vuestra maldita raza mulana, el ser más que los demás, la supremacía.

-Son Abominables y se ven muy frágiles-replicó Dazon fríamente, acto seguido señaló a la calavera y masculló una frase arcana. De repente hubo un destello azul celeste acompañado de un estruendo similar al que hacen los objetos de vidrios cuando son arrojados contra una superficie sólida; Acto seguido la calavera desapareció.

-Excelente conjuro de Disipar magia-respondió una voz humana. Dazon lo observó fijamente allí donde antes estuviese una gran calavera de niebla, se encontraba una armadura de dos metros armada con una espada que destellaba en dorado. El mago rojo no pudo evitar pensar en aquel ser como un golem. Pero estaba seguro que era algo más que eso. Su aspecto era único, sobrenatural y antiguo, de entre las junturas de su armadura y cualquier resquicio libre salía una luz púrpura, como si el fuego de Cyric animara a aquel ente.

-El Yelmo Terrorífico-dijo la figura, era un mago vestido con una túnica azul celeste, que pecaba de ser extremadamente corriente, también este hombre portaba una mascara que no dejaba nada al descubierto, ni siguiera los ojos.- Este es una de las armas de avanzada que los señores de Raumathar no pudieron usar durante su conflicto con el reino de Narfell.

-Presumo que la caja esta relacionada con ese constructo- replicó Dazon.

-Esto dista de ser un golem cualquiera-respondió el mago ofendido-te lo demostrare.- agregó.

La gigantesca criatura avanzó hacia el mago ignorando todo lo que se encontrase entre ellos dos; al parecer la criatura caminaba sobre el aire. Andariel pensaba interponerse, pero su cuerpo estaba entumecido, sentía agujetas en sus piernas y su lengua hinchada. El pánico lo azotaba, tal era lo que sentía que no soltó su estoque. Los dos norteños exclamaron aterrorizados frentes aquella imagen.

El joven arpista cerró los ojos o eso creyó, pues observó un destello y luego escuchó un atronador choque de metal contra metal, y allí frente al golem deteniendo aquel golpe mortal se encontraba Aloth.

-Lealtad y auto sacrificio- dijo el mago- algo raro de alguien que proviene de tu nación.

-Te sorprendería lo poco que sabes del mundo-le replicó Dazon- ¿Dime por que atacaste a mi hermana?

-No eres muy inteligente ¿verdad?-le replicó amargamente el mago- lo hice para recuperar el libro y los mapas. Objetos de gran poder que no deben caer en vuestras manos; estos entes no son digno de ser usados por ustedes, si no en vuestra contra. ¿Te parece terrible este constructo?- le pregunto-veo que si, pues imagínate, cinco, diez o quince de estos recorriendo vuestra nación, destruyendo todo a su paso, haciéndole sentir a Thay lo que el le hizo sentir a los otros pueblos que ha atacado.

-Así que ¿hay más de donde salieron estos?- preguntó el mago rojo- se escucha bien, pero ¿Merecía la pena matar a gente inocente para conseguir estos legajos?

-¿Inocente?-dijo- El termino inocente relacionado con un mago rojo de Thay es…-replicó el mago, y fue como si de repente se estuviese ahogando, tanto Andariel como Dazon, que se estaban atentos a todo, se dieron cuenta que la figura convulsiono de ira durante unos segundos- Ningún mago rojo es inocente-gritó.

-Mi hermana, ni los aprendices, ni los maestros, ni yo te hemos hecho nada.

-¿Eso crees?-gritó con furia la figura enmascarada que al parecer había perdido los estribos- eres tan culpables de la muerte de mis padres como lo son los Zulkir y demás lideres de vuestra nación. Los magos rojos quemaron mi aldea, mataron a mi familia y me dejaron terriblemente marcados con aquella irresponsable estrategia usada en la mal llamada Guerra de las Salamandras. ¿La recuerdas o no sabes de historia?

-Yo no tuve nada que ver con esa guerra-le imprecó,- eso fue hace diecisiete años y yo no tenia para aquel entonces más de siete años- replicó Dazon- No es mi culpa, ni de los que han muerto aquí o en la casa de Lord Hanaku.

-Excelente movimiento, es una gran excusa-gritó el mago- Atacad-ordenó y acto seguido gesticulo con rapidez y se desvaneció para aparecer unos cuantos metros más allá. Dazon tomó la caja y los siguió por medio del mismo procedimiento.

Los Spriggan eran veloces, a pesar de su apariencia en esencia frágil se movían con una velocidad inaudita y tenían una ferocidad única. Combatían como si eso fuese lo único que justificaba su vida, y por la charla que había escuchado Andariel, aquellas criaturas habían sido creadas únicamente para eso. Por suerte él había sido entrenado para el combate. Viajar por muchos sitios de Toril, y haberse enfrentado a un sin fin de rivales le habían dado una agilidad única, y una destreza con el estoque que le había valido los elogios de muchos aventureros, maestro de la espada y arpistas.

Esquivar cada golpe resultaba ser sumamente difícil, pero no por ello imposible. Los norteños combatían de forma diferente. Darryl, el arquero, se había montado en una columna que estaba en pie y desde allí con una precisión asombrosa se dedicó a abatir a los springgans; estos seres con exoesqueleto en esencia tenían una armadura que de lejos se veía impenetrable, pero como las armaduras de los caballeros estas poseían grietas y debilidades que el experimentado arquero lograba encontrar y sabia aprovechar.

Por su lado David los derrotaba con fuerte golpes y cortes precisos. Su estrategia no consistía en buscar los resquicios de la armadura para darle muerte de una forma rápida y elegante como hacia Darryl o Andariel. Solo se limitaba a córtalos con su mandoble, a algunos los partía en dos, a otros los golpeaba con el plano de su hoja y los enviaba varios metros contra otros de su propia estirpe.

Por su lado el caballero de Thay combatía contra el Golem en lo que era una batalla pareja, la criatura medía cerca de dos metros y estaba bien armada. Parecía ser fuerte y rápido en esencia. Pero Aloth poseía algo que aquella maquina no tenía: la experiencia y un estilo definido. Los golpes de aquella espada solían ser lentos pero muy contundentes, pero cada vez que chocaban con el mágico escudo del caballero solo alimentaban el conjuro que anidaba en aquel broquel. Poder mágico que este usaba para anular, durante ciertos segundos el poder de aquella espada. Por su lado los Spriggan no los molestaban, y aquellos que se atrevían eran destruidos de un solo golpe por el constructo, el cual parecía muy independiente y territorial para ser un golem.

-Son muchos- se dijo Andariel mientras esquivaba una acometida para luego propinar un golpe certero que incapacitaba a la criatura.- parece que este hombre trajo con él a toda una legión-agregó a su interlocutor invisible, pero sinceramente nadie le prestaba atención al joven espadachín. Andariel estaba eludiendo una y otra vez los ataques, hallar el sitio correcto para darles muerte a aquellos monstruos requería una precisión absoluta, la cual no podía conseguir en el calor de aquella apresurada contienda. Así que desarrollo un plan ingenioso.

***

-Aquí esta-dijo Dazon mientras colocaba el libro en el suelo a unos paso de él- Si lo deseas ven a por él-agregó mientras mascullaba una palabra arcana y un medallón oculto bajo su túnica brillaba con fuerza. En respuesta el mago enmascarado recitó unas frases arcanas mientras sostenía en sus manos una esfera de cristal. Con solo observar las palabras y gestos iniciales Dazon supo que conjuro estaba realizando el mago, así que rápidamente inicio la misma salmodia que acabó con la ilusión de la calavera flotante.

-¡Maldito!-le replico el mago- eres sumamente habilidoso.

-Y rápido-replicó Dazon, quien ágilmente metió la mano en uno de los tantos saquillos que se hallaban en su cintura y extrajo algo de polvo negro. Con el puño cerrado señaló al mago de cyan e inició una salmodia. Aquello fue repetido por el mago enemigo, salvo que parecía hacerlo en el sentido opuesto, mascullando las palabras al revés y haciendo los gestos de manera inversa. En cuestión de segundos el polvo desapareció de la mano de Dazon y las palabras arcanas, que ardían en su mente se desvanecieron.

-Excelente jugada- respondió

-Es un placer- agregó el mago quien acto seguido inicio un cántico que Dazon no pudo reconocer; finalizado el mismo, una esfera de color verde flotaba sobre la mano de mago, el conjuro emitía el mismo siseo que el agua cuando es arrojada contra un metal ardiente. Con un giro de su muñeca y una orden la esfera de ácido voló hacia él. De estar descubierta la cara del mago de azul, Dazon habría visto como esta pasaba de ser un gesto de emoción en una horrible mueca, una especie de mascara alegórica de la alegría más malsana.

La esfera se desplazó por el aire emitiendo los mismo siseos como si fuese un ser pensante y ansioso de llevar a cabo su cometido, ávido de degustar la ropa, la piel y los huesos del mago rojo; pero por cosas de Tymora, la suerte no permitiría que aquel deseo se materializara. A unos cuantos palmos de la cara del mago, la esfera se desvaneció en el aire.

-¿Qué fue eso?-pregunto consternado el mago de azul.

-Previsión- masculló el mago rojo de Thay, acto seguido pronuncio un comando imperativo y se desvaneció frente a los ojos del mago de azul.

El frío, el frío, el frío laceraba su espalda. En realidad laceraba todo su ser, cada centímetro dentro y fuera de su cuerpo. ¿De donde venia ese helor? Se preguntaba el mago, ansioso de hallar aquella respuesta volteó y se percató de la presencia de Dazon a su espalda. La cara del mago era una mueca extraña, su rostro parecía estar convulsionado. Tenía una mirada demente, como la de aquellos que lo sacrifican todo para llevar a cabo sus venganzas. Pero ¿De que se vengaba el mago rojo? ¿Acaso tenia derecho a reclamar venganza? En realidad el único que podía reclamar una satisfacción era él, su familia había muerto mucho tiempo atrás, a mano de estos magos.

-Esto es por Amatista-le gritó Dazon mientras que de un bofetón le arrebata la mascara dejando al descubierto una cara marcada de por vida por el inclemente fuego.

-Althea mi señora te he fallado- gritó el mago y trató de huir, pero no pudo algo lo atenazaba. ¿Cómo podía el mago rojo detenerlo solo asiéndose de su espalda? hasta donde recordaba en aquella parte de su cuerpo no había nada para asirse. En aquel momento otras dudas surgieron de repente, ¿Cómo había violado sus protecciones? ¿Acaso este mago era más poderoso que él? Sin duda el hecho de que le estuviese dando muerte lo confirmaba.- Althea –gritó con fuerza el mago mientras su pie se iba pegando cada vez más a sus huesos volviéndose apergaminada. Sus ojos se iban hundiendo como si algo los succionase desde las profundidades de su cráneo; y sus memorias y magia eran drenadas.

-Así que tenias un líder- dijo Dazon al esqueleto que se hallaba a sus pies. Se miró su mano y observó que el conjuro aun estaba funcionando. Su extremidad en aquel momento era algo extraña, quien lo viese desde lejos habría pensado que sostenía a un pequeño pulpo, pero en realidad era su mano. Aquel era un gran conjuro, succionaba la vida de sus victimas y sus conjuros.

Un vacío fue lo que sintió Dazon. Un terrible vació que corroía sus entrañas, una insatisfacción absoluta que lo estaba azotando, pero aun así no tuvo reparos en patear el cadáver de su antiguo rival.

***

Andariel eludió cada golpe, y a medida que lo hacia se iba moviendo a través de los restos de la construcción; esto lo hacia con la intención de ir acercándose a otros Spriggans enzarzados en combate.

-¿Acaso no puedes con los insectos?-le pregunto David; pero Andariel ignoró sus puyas y se concentró en los monstruos los cuales solo se dedicaban a atacar. Cada vez más se acercaba a unos pequeños tumultos de engendros, los cuales al percatarse de que el humano era un blanco fácil arremetieron contra él.

El golpe fue limpio, y desde el punto de vista del arpista algo lento, por que le dio tiempo para eludirlo a pesar de que estaba detrás de él. Pero tristemente el Springgan que estaba frente al joven no vio venir el golpe y fue decapitado por su pariente. Aquel acto primigenio de fratricidio generó un extraño efecto en aquella monstruosa raza. De repente todos aullaron de dolor y varios se lanzaron contra el homicida, en cuestión de segundos los Spriggan se estaban matando entre ellos. Andariel sonrió, había iniciado la primera guerra de sangre en aquel pueblo monstruoso.

Aloth no podía más, todo le dolía, respirar le lastimaba, su brazo estaba a punto de desfallecer y él deseaba ya reunirse con sus antepasados. Aquel combate esta resultando ser muy parejo, el Yelmo Terrorífico resultó ser un enemigo formidable, pero antes que todo incansable y casi imposible de herir. De repente se imagino un ejército de aquellos seres recorriendo Thay de cabo a rabo y supo que su patria estaría perdida.

De repente el golem aulló de furia y retrocedió unos cuantos pasos mientras se tambaleaba, el caballero levantó su vista y observó que de uno de los resquicios de su visera salía lo que parecía ser una flecha. De repente algo silbo sobre su cabeza y pudo ver una flecha clavada en el espacio descubierto entre el peto y el cuello. Así que allí se le puede herir- se dijo el caballero quien aprovecho la oportunidad para embestir al golem con su escudo mientras que con su espada dirigía un golpe hacia la rodilla con la esperanza de hallar un lugar donde esta pudieses lastimar al ente.

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Esta entrada fue publicada el 10 agosto, 2010 por en Fanfic, Literatura, Saber RO.
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