En la Antesala Al Portal Oscuro

La Legión Nº 4: Principios 2da Parte

Portada Cuantico

Título: El Principio, 2da parte
Autor: Guillermo Moreno
Portada: Damian Amra

El aventurero Cuántico se dirige a México siguiendo a los criminales que hurtaron la tecnología de su laboratorio. Lo que encontrará en la nación azteca lo dejara sorprendido.

I

Heroica de Veracruz
Estado de Veracruz- Estados Unidos de Mexicanos.

El puerto de la ciudad era un campo de batalla a los ojos de los reporteros, que narraban los eventos desde los helicópteros. Ya la ciudad había pasado un mal rato cuando aquella misteriosa pandilla de enmascarado tomo el control del crimen en una noche, ahora los veracruzanos estaban asombrados al ver lo que parecía un robot destruyendo a punta de disparos y cohetes destruyendo el puerto.

Si hubiesen visto con cuidado, habrían observado que este perseguía a dos figuras. Una de ellas se movía entre las sombras, solo podía reconocerse por la bufanda roja que cubría su rostro, iba armado con una espada y un kusarigama. La figura eludía los disparos con facilidad, y replicaba arrojándole unas shurikens que apenas tenían efecto. El otro individuo estaba vestido de forma convencional, salvo por una cazadora de piel y un sombrero que, a un cinéfilo, le recordaría el aspecto de cierto arqueólogo del cine. Aquel hombre hacia aspavientos y se movía entre los autos, parecía estar buscando un almacén o un sitio donde guarescerse.

Aquellas figuras eran conocidas como Nishoku y el Doctor Cuántico. En unos meses, especialmente el último, serian figuras celebres, héroes de verdad como los que salían en los suplementos, pero en aquel momento no eran más que dos locos huyendo de un monstruo de alta tecnología.

II

Heroica de Veracruz
Estado de Veracruz- Estados Unidos de Mexicanos.
Una hora o un poco más antes.

—Buenas noches, ¡Damas y caballeros!— saludo el recién llegado—. Ya me encuentro aquí, gracias, gracias. Díganme ¿Cuál es la sorpresa que me ofrecieron?

—Esta, Don Brutal Skull— replicó un joven mientras empujaba una silla de oficina con una figura atada a ella y la cabeza cubierta con un saco.

Le quitaron el saco con bruscamente, dejándolo desprovisto de defensa ante las luces de aquel lóbrego deposito. César estaba desconcertado, no sabía cuántos le rodeaban, pero sí que allí estaba a quien él estaba buscando.

—Lo encontramos por los clubs y el puerto preguntando por usted.
Brutal Skull comenzó a carcajearse de la situación.

— ¿Le gustó? ¿Podemos unirnos a la pandilla?— el encapuchado de escarlata se detuvo en seco.

— ¿Cómo lo atraparon?

—Fue fácil el muy tonto se dejo atraer por una chavita que usamos de señuelo para nuestro…

— ¡Imbéciles!

— ¿Qué pasó Don Brutal Skull?

—El Doctor aquí presente es muy inteligente— comenzó a explicar con un tono docto— para que algo tan sencillo como un caramelito en un callejón poco iluminado lo tiente.

—Nada que ver— le atajó uno de los muchachos— hasta los más inteligentes le da por pensar con los huevos.

—Es un pinche pendejo, como todos— replicó otro joven— mejorando lo presente.

—Nada que ver— les cortó el criminal— El Doctor es muy hábil ¿No es así Doctor Manrique?

—Yo no diría hábil, señor mío— replicó el aludido.

De repente frente a Brutal Skull, como surgidas de la oscuridad, cayeron unos shurikens a modos de advertencia.

—Yo no diría que es hábil o inteligente— dijo una carrasposa voz que parecía provenir de todas las direcciones— es un egocéntrico y pedante, y… si, un pinche pendejo que piensa con los huevos.

— ¡Vaya! ¡Vaya!— respondió Brutal Skull quien no se había movido ni ápice, ni le habían sorprendido el ataque con los Shurikens— Si es mi viejo amigo, has venido por más.

En cambio los jóvenes criminales huyeron despavoridos al ver aquellas milenarias armas en el suelo.

— ¡Que enjundia!— gritó César mientras se ponía de pie. Las cuerdas que lo ataban a la silla habían desaparecido, eran un montón de cenizas a sus pies.

— ¿Cómo?

—Micro máquinas— replicó— bueno Señor Skull es imperativo que usted y yo tengamos una charla, sobre cierta información que sustrajo de mi…

—Nada de eso— dijo el aludido, mientras retrocedía con gran rapidez y a un gesto suyo hacían acto de presencia sus guardias personales. Otros jóvenes vestidos de forma similar a él, con la salvedad de que sus mascaras en forma de calavera tenían en la frente un numero romano que indicaba su rango.

—Los cobardes nunca están solos— dijo y luego de chasquear sus dedos, aparecieron a sus pies una chaqueta de cuero y un sombrero, que tomó y se colocó en un tris— estoy listo, cuando quieras, Eclipse.

III

Heroica de Veracruz
Estado de Veracruz- Estados Unidos de Mexicanos.
Ahora

— ¡Abajo!— fue la escueta orden que su compañero de tropelías le grito. El catedrático de la Florida, metido a superhéroe, acató sin rechistar y se lanzó al suelo. Poco le importó la caricia del asfalto, pues se percató de que si no hubiese obedecido el cohete que zumbo sobre su cabeza lo habría hecho trizas —¡Arriba!— ordenó la misma voz mientras pasaba a su lado a gran velocidad.

—Por esa razón deje de ir a misa— le imprecó entre jadeos.

—Corre y cierra el pico.

El suelo retumbó y de nuevo la ametralladora de su perseguidor volvió a sonar. Las balas impactaban contra los contenedores de metal. retumbaban y silbaban por todos lados. Sumado a eso estaba el sonido de los helicópteros que le daban cobertura al evento.

— ¡Maldita prensa amarillista!

—Por aquí

La voz de Eclipse lo guió por un oscuro pasillo hasta que llegó a lo que parecía un almacén. La puerta estaba abierta, no dudó en entrar, cuando la vida esta en juego las consideraciones ética se esfuman. El sitio estaba ligeramente iluminado y la presencia del ninja se sentía en todo el lugar.

— ¡Al fin! A salvo.

—Nada que ver— replicó el ninja, saliendo de la sombras y tomando al catedrático por el cuello— has traído la devastación a mi ciudad— dijo entre dientes y bien furioso. César pudo ver el fuego del averno en aquellos ojos.

—Yo…

— ¿Quién te crees que eres? ¿Dónde conseguiste tu titulo? ¿En una caja de detergente?

—Yo…

—Eres un iluso y vas a resolver eso— replicó el sombrío guerrero mientras soltaba a su compañero.

—Está bien, está bien— respondió César— yo lo resolveré— se froto las manos y de repente alrededor de esta se formaron unos guantes— a ver que tenemos aquí…

IV

Heroica de Veracruz
Estado de Veracruz- Estados Unidos de Mexicanos.
Una hora o un poco más antes.

Un silbido, dos silbidos, tres silbidos pasaron y al cabo de unos segundos los secuaces del mercenario se encontraban en el piso.

— ¡Muertos!— exclamó un asombrado Cuántico.

—Son escoria, se lo merecían— replicó Eclipse que salía de la oscuridad

—Lo secundo— replicó Brutal Skull.

—Son tus hombres

—Eran— le corrigió el criminal— Además, sabían los riesgos de trabajar conmigo

— ¡Pero!

—No importa— replicó el ninja mientras, a una velocidad de vértigo, arremetía contra el líder del hampa.

Brutal Skull alcanzó a desenvainar su cuchillo y pudo parar, con algo de suerte, el golpe de su adversario. En cuestión de segundos, el catedrático observó como aquellos hombres se ensalzaban en una inusual de danza donde el repicar del metal contra el metal marcaba el ritmo.

Cuántico observó con calma su alrededor, mientras que activaba las micro-cámaras en los botones de su chaqueta. Observaría luego, con detenimiento y a menor velocidad, aquella pelea, así determinaría los patrones de ambos contendiente en caso de que tuviese que enfrentarlos en el futuro. Alrededor no había nada novedoso, y dudaba que el mercenario hubiese traído consigo la información que estaba buscando, solo le quedaba ver como se desenvolvía aquel combate.

Durante un buen rato observó hasta que recordó que su aliado mataba a sus víctimas. La luz se hizo en su cabeza, si Brutal Skull moría el no tendría la información que buscaba. Saco, de entre el sinfín de bolsillos de su chaqueta, una especie de esfera que arrojó hacia los contendores. Se agachó y cubrió los oído, contó hasta diez y levantó la vista. Los guerreros se habían separado entre gritos de dolor. Su pacificador sónico había tenido efecto.

—Muy bien jugado— dijo Brutal Skull.

—Esa es la punta del iceberg— replicó Cuántico.

—Ya veo.

—No lo creo

—Se a lo que me enfrentó, Doctor.

—No lo creo

—Debería ser menos escéptico— replico— al fin y al cabo, ¿No le robé yo su información? Se de lo que es capaz—Cuántico gruñó por lo bajo— Y, es cierto que me asombró verle, pero sepa que yo estuve siempre atento a su llegada. En este país ya no pasa nada sin que yo lo sepa.

—Es muy pretencioso usted— le atajó César— Tomando en cuenta que en el DF viven más de 30 millones de almas.

–Gajes del oficio— replicó Brutal Skull.

—Menos charla y más acción — les interrumpió el ninja

—Nada de eso— le detuvo el criminal— vine preparado— señaló hacia la puerta. Allí frente a ellos se encontraba una extraña figura, debía de medir dos metros o un poco menos. Parecía una gigantesca armadura de metal, recordaba un poco al traje de un astronauta— les presento a mi mejor amigo Ayrton. O como se le conoce en su natal Brasil: O monstro mais perigoso. Entre otros nombres.

La figura, al darse cuenta de que se referían a él, abrió la parte delantera de su casco. Cuántico observó a un hombre de piel café, ojos rasgados y pómulos sobresalientes que coincidían con los pueblos amerindios. Estaba calvo y su cráneo cubiertos por filamentos dorados.

—Ayrton, Amigo. ¿Haces los honores?

—Con gusto— respondió la figura con su voz ecualizada— acto seguido sobre sus hombres aparecieron unas ametralladoras. Eclipse se fundió en las sombras, y Cuántico alcanzó a levantar un campo de fuerza.
Las balas silbaron y rebotaron contra el escudo con fuerza. Este resistió pero su dueño apenas se mantuvo en pie. Cuando los disparos acabaron, César pudo ver a su alrededor. La silla tras él era un montón de astilla, los cadáveres de los secuaces hechos pulpas. Los muros parecían queso gruyere.

—Levántate y corre– le ordenó Eclipse desde las sombras.

—Bien hecho Ayrton— dijo Brutal Skull mientras dejaba el almacén— lo dejo en tus manos, nos vemos más ahora para la segunda cena.

—Cuenta con ello.

V

Heroica de Veracruz
Estado de Veracruz- Estados Unidos de Mexicanos.
Una hora o un poco más antes.

Aytorn se detuvo frente a la puerta del almacén. Sus sensores le indicaban que sus presas habían seguido aquella ruta, y se encontraban tras la puerta. Revisó cantidad de munición que le quedaba. Sin duda, podría cortar la puerta de metal con sus ametralladoras y luego lanzar una descarga de granadas. Aquello acabaría con aquel par que se había dejado acorralar.

Realizó los cálculos, las probabilidades jugaban a su favor. Asi que decidió proceder con aquel plan. Menuda fue su sorpresa cuando sus sensores registraron un aumento de energía y calor tras la puerta, pero fue muy tarde para eludirlo.

La puerta de latón, que él pensaba cortar en dos con sus armas, se vaporizó en segundos, dando paso franco a una descarga de energía que lo impacto en todo el pecho. La energía lo hizo retroceder unos paso y sobrecargo los sistemas principales, lentamente comenzó a sentir como se fundían.

—Pasando a modalidad de respaldo— ordenó a sus sistemas; esto de poco le serviría porque un segundo impacto lo alcanzaría, dando al traste con cualquier contramedida. Luego lo abrumó un tercer ataque que apago sus sistema, para una criatura cibernética como él aquello fue un alivio, pues el dolor que estaba sufriendo habría acabo con un ser totalmente orgánico.

—Esta soltando chispas— dijo Eclipse.

—Sera mejor que salgamos de aquí.

—Eso va a comenzar un incendio.

—Te preocupan estos malditos contenedores y no la vida de las personas.

—Esto es producto del trabajo de alguien.

—Nada de eso, va de retro Satán. Tu hipocresía para otro momento. Comunista.

El arma creada por César comenzó a lanzar chispas y al poco rato aquel almacén se encontraba envuelto en llamas, mientras dos figuras se alejaban del lugar.

—Fue un placer trabajar contigo— dijo

— ¿Quién dijo que trabajamos juntos?— replicó el ninja— yo trabajo solo.

—Sí, claro.

VI

Santa Brígida
Isla de Santa Brígida –Mar Caribe.

La habitación seguía a oscuras, solo iluminada por aquellos potentes monitores. Las imágenes en ellos estaban divididas, se podía ver la cobertura de los telediarios mexicanos, y lo registrado por las cámaras y sensores de Ayrton.

—Creo que subestimamos al Doctor Manrique

— ¿Perdón?

—Como escuchaste Alessia.

—Entiendo, señor ¿Dese algo?

—Has los preparativos para recuperar al monstruo

—Entendido, señor. ¿Algo más?

—Dile a Lautaro que necesito hablar con él.

—Arreglare una videoconferencia, señor.

—También activa el programa León. Ese Ninja ya me tiene harto.

—Entendido, señor— replicó la jovencita.

—Te puedes retirar— ordenó— dile al Chef que preparé lo de siempre, estaré analizando estos datos hasta tarde.

La joven no dijo nada más, y en un tris desapareció de aquella habitación, dejando al misterioso William Lord envuelto en sus pensamientos.

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Esta entrada fue publicada el 19 septiembre, 2015 por en Legión, Literatura, New Pulp.
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