En la Antesala Al Portal Oscuro

La Búsqueda de Kumari Kandam I

AngkorWat

I

La ubicación de Priyanka le permitía tener una visión panorámica de todo el salón de fiestas. Oculta, en una esquina, vestida y maquillada para parecer un joven mesero, la aventurera, de origen singapurense, se asemejaba a una araña bien posicionada en su red. Alrededor de aquella trampa, se movía su principal socio, el gigantesco Teodoro, un yugoeslavo — croata, siempre puntualizaba— que era mucha fuerza y pocas luces. Destacaba entre los meseros, pero al parecer la grey de Heroica de Veracruz no se fijaba mucho en quienes les servían, sino en sus pares.

Hablando de pares, la singapurense vio a la pieza de resistencia de aquella operación. Alta, atlética, muy atractiva, con una larga cabellera negra con rizos, así era Beatriz de Nogales, nativa de Venezuela. Perteneciente a la clase alta sudamericana, combinaba con todo el decorado. Siempre cerca de ella, se encontraba Nanda, su fiel guardaespaldas culi.

<<Todo va bien>> se dijo mientras se ponía en movimiento, antes de que su supervisor la regañara. Mientras se desplazaba por su telaraña logró llamar la atención de Beatriz, a quien le habló con un movimiento de cejas. La mujer le replicó con un sutil giró en los ojos, que sus interlocutores fueron incapaces de ver. La respuesta era clara <<El objetivo se encuentra en mi red>>.

¿Quién era el objetivo? Un ratón de biblioteca estadounidense, uno de esos académicos de la Universidad Miskatonic, de nombre Ernest Materson. Aquel hombrecillo era una eminencia en lo referente a civilizaciones perdidas. De acuerdo con el cliente, y las fuentes de Pri, aquel hombre había estudiado el mito de la Atlántida y otras islas sumergidas a profundidad. Tanto que desarrolló, la hipótesis que hablaba de una poderosa civilización, que se había establecido, hace miles de años, en la tierra creando un vasto imperio global. Aquella idea, lejos de causar repulsión y burlas dentro de la comunidad científica, había llamado la atención de muchas organizaciones y poderes ascendentes. Esto se debía a que Materson decían tener en su poder la clave para ubicar y sacar de mar a una de aquellas místicas urbes, la ciudad de la doncella, también conocida como Kumari Kandam en Oriente, pero identificada en Occidente, por los teósofos y otros ocultistas, como Lemuria.

Ernest se encontraba en Veracruz, compartiendo sus descubrimientos con sus pares mexicanos, albergaba la esperanza de conseguir fondos, y adeptos, para iniciar una gran investigación en el sur de la India. De ser cierta sus principales afirmaciones el doctor Materson podría estar en la mira de grupos de verdad peligrosos.

***

—La Ahnenerbe lo tienen en la mira, señorita Priyanka. — Le había dicho el cliente cuando la abordó hace más de un bimestre. Un hombre rubio y bien parecido, que hablaba un inglés con acento británico que a ella le parecía encantador—. Nuestra fundación teme, que una vez Materson ponga un pie en Veracruz, será secuestrado.

— ¿Y eso cuando podría ser, Sir Crafter?— preguntó ella en aquel entonces.

—Tal vez en el primer o segundo evento social en el que se aparezca— Sir Clayton Crafter la miró a los ojos, mientras levantaba una rubia ceja.

—No ha pensado ¿Qué tal vez Materson va a México para entrar en contacto con los alemanes?— El británico se envaró—. El yanqui debe estar consciente que es codiciado por diversas fuerzas, y que en su tierra natal está más seguro. La OSS debe tener agentes mucho más capaces a la hora de proteger un objetivo.

—No sabría decirle, los americanos no son muy perspicaces, además que su pragmatismo natural les impide ver la pintura con mayor amplitud.

—Ya veo —Priyanka se recostó en su silla — ¿qué debo hacer si mis sospechas son ciertas?

—Hacerse con Materson y lo que sabe. No le de muerte—Priyanka chistó y miró hacia un lado.

— ¿Por qué no asaltamos sus oficinas personales y las que tiene en la universidad de Miskatonic?

—Mis efectivos determinaron que siempre lleva su investigación con él. También, que esta debe estar fuertemente encriptada.

—Ya veo. Entonces, lo quiere vivito y coleando.

—Lo menos magullado posible— Priyanka sonrió y le tendió un papel.

—Entonces, solo firme este contrato. Y de por hecho, que ese ratón de biblioteca yanqui será suyo.

***

La fiesta se le antojaba muy aburrida; y es que cuando naces, creces y maduras en un entorno similar, todas las fiestas de la clase alta serán aburridas. Eso era lo que aquejaba a Beatriz De Nogales, quien era el agente infiltrado de Priyanka en el jet set de Veracruz. Aquella noche, llegó del brazo de su contacto, un rico inversionista texano, que se interesaba por los temas académicos más peculiares. Aquel hombre la fue introduciendo, inducido por aquellos grandes ojos aguarapados y su cautivadora sonrisa, en los diferentes círculos y conversaciones hasta que dio con el objetivo.

<< ¿Este hombrecillo es de verdad un peligro?>> se inquirió más de una vez, hasta se lo preguntó a su fiel Nanda, quien hierático, le indicó que el peligro era lo que aquel hombre de lentes de pasta sabía.

Una vez logró entrar en contacto con el objetivo, la venezolana hizo su movimiento, logró distraer al tejano y en poco tiempo se situó junto al yanqui. Mostró interés por lo que decía, además de que aportó datos interesantes a la conversación. Ella sabía que los hombres de letras podían caer rendidos ante un buen batir de pestañas, un potente escote o un buen trasero, pero cuando todo eso se combinaba con algo de inteligencia, entonces se enganchaban, hasta se doblegaban con facilidad <<A menos que tengan otro tipo de gustos>> se había dicho ella.

Con aquella estrategia y esgrimiendo lo que había aprendido al leer las diferentes publicaciones del Doctor Jonathan Baker —quien era colega de Materson— Beatriz fue capaz de apoderarse del espacio personal del yanqui. Como una suerte de demonio, como una ménade salida de las mismas huestes de Dionisio.

<<La presa es nuestra>> le comunicó a Priyanka con un simple gesto de llevarse la copa a los labios y sonreír lupinamente. En ese momento, el hado se le volteó al equipo.

***

Teodoro era un hombre de pocas luces, el mismo lo reconocía. Carecía de una educación formal, su mente era táctica, pero era incapaz de ver más allá de lo inmediato. También tenía una voluntad indómita, que se sumaba a un genio vivo y una impulsividad única. Todo aquello junto daba un explosivo coctel cuyo sabor principal eran los problemas.

Y es que problemas debería ser su segundo nombre, primer apellido y segundo también. Porque, por un gran problema de faldas en Malasia, había terminado huyendo del sudeste asiático. Por esa misma razón termino en compañía de una chica campesina llamada Priyanka, quien lo terminaría convenciendo de fundar aquella sociedad.

<<La llegada de Pri a mi vida no ha sido tan malo>> se decía cada vez que lo reflexionaba. Y, siendo sincero consigo… aquello era cierto, puesto que la singapurense le había dado un propósito en la vida. Pri se había vuelto una amiga, una hermana, una enfermera y madre. Aunque también se había vuelto una tirana, negrera y fuente constante de problemas << ¡Al carajo! Al menos mi vida es interesante. ¡Con un demonio! Por lo menos estoy vivo>> solía decirse después de tan sesudo análisis.

En aquel momento, mientras recorría aquella sala sirviendo tragos y escuchando conversaciones intranscendentes, a la par que mantenía los ojos fijos en Priyanka y Beatriz, detectó una fuente de problema. No hacía falta ser una luminaria, mucho menos un genio detective, para darse cuenta que aquella escultural pelirroja, de labios rosa pálidos y un vestido a juego con aquel color, era sinónimo de problemas.

Y es que la mujer, al igual que Beatriz —pero con mucha más rapidez—  se fue moviendo entre círculos, hasta llegar a Materson. <<Ese gusano debe estar pensando que es su nombre de suerte>> casi podía escuchar a Jacques, el belga sinvergüenza que formaba parte de aquel equipo.

—Debe rezar para que la suerte le sonría de verdad; y termine la noche con un fuerte dolor de cabeza y vivo; en vez del estómago lleno de plomo.

— ¡Perdón!— Teodoro se sorprendió al ver que había vocalizado sus pensamiento, con suerte, para él que había hablado en su lengua natal. Con un movimiento de cabeza y mascullando un perdone, en castellano, se alejó de aquella mesa para indicarle a Pri que habían surgido problemas.

***

<< ¡La muy zorra me bloqueó!>> se dijo Beatriz cuando observó como aquella señorita, con un modales exquisitos y la soltura de una serpiente había entrado en su terreno y en un tris se apoderó de Materson. Se preparaba para arremeter, cuando su acompañante volvió a prestarle atención.

Consciente de que la presa se le escapó de las manos a su señora, como la arena o las aguas del mar; Nanda se puso en movimiento. Con la agilidad y delicadeza de un gato, con la vista fija en su presa cual pantera, el culi se desplazó entre todos los ricos mexicanos, quienes le prestaban poca atención, a pesar de su exótico aspecto y ropajes. Y es que un hombre vestido con una kurta, unos pantalones churindar, babuchas y el turbante coronado por una turquesa llamaba la atención. Aun así, el culi pudo seguir a la extranjera, quien llevaba a Materson hacia una trampa. No hizo falta mirar por el rabillo del ojo, para saber que el gigante croata y la singapurense se habían puesto en movimiento.

Una vez en el imponente jardín trasero fue capaz de seguir el rastro que lo conduciría al objetivo.

—Son nazis, lo sabía.

—No estés tan seguro, grandulón— replicó el hombre, que abrió sus ojos al máximo al sentirse desorientado— ¿Y Sahiba Priyanka?

—Fue a por Jacques.

Les tomó a los hombres volver a dar con el rastro, cuando escucharon unos golpes y disparos. Ambos apresuraron el paso, cada uno con el corazón en la boca, hasta que llegaron a un pequeño mirador, donde la escultural pelirroja y tres hombres yacían en el suelo desangrándose.

—No escuché ningún disparo— dijo Teodoro.

—Hay otro jugador con nosotros. Se fueron por allá.

Siguieron el rastro que los llevó hasta la parte trasera de aquel amplio jardín, que tenía una puerta trasera. Desde una distancia prudencial, Teodoro y Nanda observaron como dos grupos se batían a tiros, uno trataba de darle cobertura a un individuo que arrastraba a Materson con él. El otro, trataba de evitar el secuestro; estos últimos se pusieron en evidencia con los gritos de alarmas.

—Son los jodidos alemanes.

— ¿Pero quiénes son los otros?— preguntó Nanda, que comenzaba desatar su extraño cinturón.

—Eso ya lo sabremos. — Se escuchó un patinazo y en la entrada de la calle, detrás de los alemanes, hizo acto de presencia un potente automóvil blanco. Teodoro supuso que el conductor seria Jacques y que la figura, que colgaba de una puerta como un simio, era Priyanka. La mujer levantó un revolver Webley Nº1 Mk IV y lo descargó contra los alemanes—. A por los otros, mi moreno amigo.

***

¡Mon Dieu! — exclamó Jacques—, mi querida Priyanka eres un diablesa du pistolet—. Giró el timón colocando el coche de costado.

— ¡Cállate! Y dispara.

Jacques sonrió y se avocó a la tarea encomendada, salvo que fue cauteloso, y en cuestión de minutos, los germanos yacían en el suelo. Aquella precisión, le dio tiempo para observar el trabajo del croata y el indio. Teodoro se dirigía hacia el auto, a una velocidad que contradecía a su altura, y en un santiamén tomó a uno de los adversarios por el cuello, mientras que le propinaba unos puñetazos que lo sacaron de juego. Mientras, que Nanda, hizo girar aquel extraño cinturón de seda amarilla, el cual —como si fuese una boleadora— cruzó el aire atrapando uno de los hombres. Una vez el hombre cayó presa del mortal laso, el culi se movió como un leopardo. Cayó sobre su presa y en un tris, mientras pronunciaba una plegaria en su lengua natal, estrangulaba al vulgar secuaz.

Mientras estaban envueltos en esa lucha, los hombres no observaron como aparecía un tercero listo para fulminarlos a tiro. Jacques apenas fue capaz de reaccionar, cuando escuchó los disparos. Cerró los ojos por reflejo — de verdad no quería ver a sus amigos muertos, en especial a Teodoro, quien junto a Priyanka lo habían salvado de un linchamiento en la Indochina Francesa— y cuando los abrió observó como el auto se alejaba quemando neumáticos, el pistolero furtivo yacía en el suelo; en el otro lado de la calle Beatriz, como una suerte de Diana cazadora, de cabellos color de noche, sostenía una pistola.

—Bendito sea el señor, esta mujer es oportuna y terrible. Más que la otra.

— ¡Mierda!

—Estamos jodidos— masculló Jacques

—No tanto. — dijo Priyanka— Suban a ese fiambre al auto. Y tu francesito…

—Belga.

—Lo que sea. Pisa bien ese pedal y persigue a ese auto. Vamos de cacería.

***

Las calles de Veracruz no verían, en mucho tiempo, una persecución como esa. Jacques, a pesar de no ser nativo, resultaba ser alguien muy dedicado. Al fin y al cabo, un buen timador debe conocer al pichón que planea desplumar, si desea de verdad hacer un trabajo de calidad. Por eso, no era de extrañar, que el belga conociese las calles de la ciudad de la misma forma que conocía las líneas de su mano.

Gracia a tal conocimiento, además de su maestría como piloto —ya fuese en tierra o en el cielo—, logró dar con los secuestradores. En cuestión de minutos, ambos automóviles estaban enzarzados en una carrera y el plomo llovía a raudales.

—Esos malditos son buenos. — masculló Jacques, quien en el fondo daba gracias a Dios que el fuselaje del automóvil estuviese reforzado.

—Por lo que veo nos dirigimos al puerto.

—A una playa, Mon ami grandulón. — replicó Jacques, quien masculló algo en francés, mientras que en la mente de Priyanka comenzaba a hacerse una idea de lo que podía pasar. Como si estuviesen conectados, el conductor se desvió, buscando una ruta más directa hasta su objetivo.

Perdieron de vista a sus enemigos durante un rato, para luego encontrarse por delante, de ellos.

—Le cerraremos el camino.

Oui madame.

Jacques se preparaba para cortarle el paso al automóvil de los secuestradores, cuando todos en el coche fueron víctimas de un repentino vértigo. El belga dio un bandazo y casi perdió el control del timón, aquel evento dio suficiente tiempo para que el otro automóvil lo superara. Para cuando estuvo en sus cinco sentidos, el carro enemigo se encontraba en la playa.

— ¡Una balsa!

—No tontorrón. — dijo Beatriz— Teodoro, mira a la distancia.

— ¡Un submarino!

Apenas detuvieron el coche, una ráfaga de disparos salió disparada desde el bote a remos, donde un nutrido grupo de hombre se afanaba para remar. Beatriz, Teodoro y Priyanka le dieron cobertura a Jacques —que era un buen tirador— y aun así, este fue incapaz de acertar al alguno de los hombres.

— ¡Maldita sea! Esto no le gustará a Sir Clayton.

Con un mal sabor de boca, los aventureros se debieron de conformar con ver como Materson era introducido a la fuerza en un submarino y secuestrado ante sus ojos.

***

Ya en un lugar seguro, ligeramente calmados, los aventureros decidieron poner las cartas sobre la mesa, para decidir cuál sería el siguiente paso.

—Sahiba, por lo que vi en aquel jardín, el Doctor parecía estar coludido con los alemanes.

—El muy maldito quería que lo secuestraran. — La singapurense bufó.

—En efecto Pri. Casi se lanzó a los brazos de la pelirroja.

—Eso explica el viaje a México. ¡Ese  maldito yanqui! Claro, no podía hacer esa transacción en Estados Unidos sin que la OSS le echase el guante.

—Los nazis están locos. — intervino Jacques, a quien la luz de la lámpara de campana le daba un aspecto cadavérico—. Y tienen el suficiente dinero para patrocinar una empresa como la que ha propuesto Materson.

—Solo un demente desearía traer de vuelta a aquello que yace muerto. — masculló Nanda mientras servía té—. Indra hundió a Kumari Kandam en las profundidades del mar por una razón—. Priyanka resopló con fuerza.

—Hay vientos de guerra, mon ami mortel. La que está por venir va a ser peor que la pasada. Será une guerre désespérée.

—Teo ¿Qué hay del fiambre?— soltó Beatriz entre soplido y soplido.

—Es un jodido soviético.

— ¡Pardieu! ¡Un communiste!— escupió Jacques— Un bicho tan malo como los nazis.

—Logré que hablara. Soltó unas cuantas cosas en una lengua inteligible.

— ¿Qué te dijo el gañan?

—Pri, los soviéticos sabían que Materson se entregaría a los nazis…

—Eso confirma lo que deduje. — interrumpió parco Nanda.

—Y enviaron a un equipo comandando por su mejor efectivo. Es un tipo peligroso, se hace llamar el Zmei. Aunque el soldado se refirió a él con otros apelativos, lo llamó el nieto de Baba Yaga. El hijo del diablo…

—Teo, no se supone que los soviéticos son ateos— Priyanka tomó un trago de té y con la cabeza le indicó al culi que le había quedado bueno.

—Este tipo es excepcional. Implacable y es capaz de infundir miedo y lealtad entre los suyos. Es el jodido hombre del saco, les da tanto miedo que se saltan por encima todas las paparruchas marxistas.

— ¿No me digas que crees que el vértigo que nos asaltó fue culpa de él?— Jacques se puso de pie y se tronó los dedos—. Mes amis ¿No tenemos algo más fuerte?

—El soviético lo piensa, y yo también—. Jacques silbó, pero se abstuvo de comentar algo más. Tenía, como el resto, a Teodoro por un hombre ingenuo, mucho musculo y poca materia gris, pero el croata había hablado con tanta vehemencia que el belga no se atrevió a dudar.

¡merde!

—Eso complica mucho las cosas—, Priyanka se puso de pie y se estiró como un gato— vayan a descansar. Mañana saldremos pitando de México, antes de que alguien nos vincule con el tiroteo.

— ¿Volveremos a las Bahamas?

—Primero hablaré con los Crafter, luego creo que tendremos que viajar al terruño. El viaje hasta la India es largo.

Continuará….

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Esta entrada fue publicada en 13 abril, 2019 por en Literatura, New Pulp y etiquetada con , , .
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