En la Antesala Al Portal Oscuro

La Búsqueda de Kumari Kandam II

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II

El grupo no entendía porque se encontraba en el norte de la India, si se suponía que Kumari Kandam surgiría al sur del subcontinente. El sitio, salvo para Nanda, no había resultado del gusto de nadie. Las temperatura era incomoda, especialmente, después de venir del cálido y constante Caribe. Además, tal como se quejó más de una Beatriz, todo en el norte de la India parecía estar cubierto de una pátina de polvo que no cedía.  Aun así, el grupo estaba preparado para emboscar al Zmei.

Otra cosa que estaba molestando a Priyanka era el tener que colaborar abiertamente con la Fundación Crafter. Aquello alteraba lo pactado, pero por encima de todo, reducía su capacidad para maniobrar. <<Maldita sea Sir Clayton y su sensual acento>>  había mascullado más de una vez la singapurense, pero lo cierto es que tuvo que ceder por varias razones. Los recursos invertidos en llevarlos de México a Egipto, y de allí al norte de la India Británica, habían corrido por cuenta de la Fundación. Por otro lado, cuando Sir Clayton escuchó la mención del Zmei palideció.

—Señorita Priyanka, las reglas del juego han cambiado. Ilya Ulinov, el Bogatyr o el Zmei, como deseen llamarlo, es la encarnación del mal, de lo escasamente moral y ético. Su grupo de diletantes no podrán con él— aquella frase hizo que su sangre hirviera, pero ella supo mantenerla bajo control. Por eso, dejo que los británicos entraran en la jugada. Por ello, se encontraban todos a la expectativa alrededor de un polvoriento y olvidado templo al norte de aquel país olvidado por el amor de Buda.

—Calma hermanita. — masculló Teodoro, que estaba más tranquilo de lo normal.

—Deberíamos estar más al sur.

—Según un segundo ensayo del Doctor Baker, de acuerdo al mito hindú y, según los revisionistas anti británicos, los indoarios robaron el conocimiento de la tecnología de Kumari Kandam y lo llevaron al norte donde eran fuertes. Temían a lo que pudiesen hacer los drávidas y tamiles de haber puesto sus manos en ellos. — pontificó Beatriz.

—Bea, deja de leer a ese yanqui loco—, masculló Priyanka mientras revisaba sus pistolas— y recógete esa melena.

Se escuchó un sonido y el grupo supo que debían estar listos, porque los hombres de Crafter se habían puesto en movimiento.

—La cosa va bien hasta ahora. — masculló Jacques que observaba todo con los prismáticos— ¡Oh!…

— ¿Qué pasa?

¡Merde!— Los disparos comenzaron a escucharse—. Debemos ponernos en movimiento Mes amis. — Priyanka le arrebató los prismáticos, ante sus ojos se desarrollaba una escena dantesca. De alguna forma, el cerco de los británicos estaba siendo repelido desde el templo, a la vez que surgió un contra cerco detrás de ello. Por su mente pasaron varias ideas, la principal era << ¿habrá alguien detrás de nosotros?>> Para Priyanka aquello carecía de sentido, pues aquel templo se encontraba en una suerte de hondonada en forma de embudo, en el noreste había un abertura y al sureste otra. Ellos, se encontraban en el borde de aquel embudo y los agentes de la Fundación alrededor del templo que estaba en la base. Además, aquel necio de Albert Crafter, tenía vigilada la abertura; en especial después que el pequeño grupo de soviético cruzó aquella entrada.

Nanda y Bea, hagan un perímetro. No quiero saber que tenemos a alguien resoplándonos en la espalda.

—Son nativos. Esos malditos rojos convencieron a los nativos ¿Pero de donde han salido?— Teodoro hizo a un lado los prismáticos y se acomodó los guantes.

—Pongámonos en movimiento. — De pie, con aquellos pantalones caqui de montar, las botas y la blusa blanca, Priyanka parecía una suerte de muchachito con ínfulas de conquistador británico. Si no fuese por el lacio cabello que caía a dos aguas a la altura de la quijada, la mujer habría parecido, para alguien poco detallista un chicuelo que gobernaba a un grupo de gañanes—. En cuanto puedan, nos darán cobertura.

—Entendido.

***

Albert Crafter estaba en una encrucijada, tenía una forma de escapar de aquella tormenta de plomo. Una simple carrera hasta la abertura sureste, pero sin cobertura. Ya dos efectivos —que estaban a su lado— de los diez que había llevado, habían caído; desconocía la situación del grupo que estaba del otro lado del templo. También, desconocía la posición de aquella mujer oriental que debería darle apoyo.

Frente a aquel tormento, el joven operativo, consideraba que la carrera desesperada era mejor opción que morir a merced de los indígenas.

—Señores, prepárense para cargar hacia la salida. — dijo con vehemencia ignorando la posibilidad de hacerse con el templo y el rehén. Poco le importaba conocer la forma como los nativos habían hecho acto de presencia, solo deseaba salvar el pellejo. Los hombres asintieron de mala gana.

Se prepararon para salir, cuando se escuchó un fuerte silbido, los operativos levantaron la cabeza y observaron como un gran peñasco dispersaba a los indígenas. Acto seguido, una serie de disparos precisos comenzaron a dar cuenta de aquellos que huían.  Albert vio al gigantón yugoeslavo que descendía por la ladera, como una suerte de Hércules demente, mientras que aquella demoniaca mujer y el francés de ridículo bigote eliminaban a los adversarios.

—Señor dejaron de disparar desde el templo. — comunicó uno de los operativos.

—Entonces apoyemos a los mercenarios. — agregó con cierta flema.

***

Mientras Teodoro bajaba la ladera como una suerte de berserker arroja piedras, cubierto por los disparos de Priyanka y Jacques. Beatriz y Nanda dieron la vuelta, y se encontraron con el otro grupo de efectivos que resistían a duras penas. La mujer se preparó para descargar todo el fuego necesario contra los nativos, pero Nanda le rogó que no lo hiciese, pues él se encargaría.

Con la soltura de un tigre, el culi descendió por la ladera de la montaña. Imperceptible para Beatriz, quien se había acostumbrado a su sigilosa naturaleza, pero totalmente invisible para sus congéneres; que no supieron que les golpeó hasta que una bufanda de seda amarilla voló por los aires.

— ¡Sthaga! ¡Thag!— Alcanzó a mascullar uno, antes del que el tigre cayese sobre él y con un golpe en la tráquea lo dejara  tendido en el suelo. Aquel que cayó presa de la bufanda poco pudo hacer, cuando Nanda saltó sobre este cerrando el nudo.  Dos habían caído, el resto no tuvo tiempo de reaccionar. Beatriz vio cómo su fiel guardaespaldas se volvió un borrón blanco. En poco tiempo, estaba de pie rodeado de cadáveres.

— ¿Uno de ellos ha gritado sthaga y thag?— inquirió uno de los agentes de la Fundación. Beatriz se encogió de hombros, una vez que Nanda la ayudó a bajar de la colina.

—No sé de qué hablas. — replicó esta; el agente iba a contestar, pero la gélida mirada del culi lo disuadió.

***

Sin perder mucho tiempo contando cabezas o recogiendo cadáveres, las mermadas fuerzas de la fundación y el grupo de Priyanka se dirigieron al templo. No más entraron en la oscura construcción lo azotó la sensación de vértigo; apenas eran capaces de mantenerse en pie.

— ¡merde! ¡Otra vez!— gritó con fuerza Jacques; quien hizo acopio de voluntad para levantar la vista.

—Modere su lengua, amigo mío— replicó alguien en perfecto inglés. Era un hombre atlético, de piel cerosa, frente amplia, nariz prominente, oscuros cabellos. Sus ojos ligeramente rasgados y los pómulos sobresalientes eran señal inequívoca de su ascendencia eslava.

— ¡El Zmei!— exclamó Albert Crafter

—Así suelen, a mis espaldas, llamarme mis adversarios. Ninguno que pronuncie ese epíteto suele sobrevivir. Prefiero el de Bogatyr, pero el Zmei tiene su gracia.  

 gélidos ojos de aquel hombre se mantenían fijos en el grupo que apenas podías estar de rodillas. Prinyanka comprendió en ese momento, porque Sir Clayton se horrorizó al escuchar aquel nombre. Se acomodó los guantes negros, desenfundó su TT-33 Tokarev reglamentaria y  apuntó a un miembro al azar.

— ¿Quién será el primero?Priyanka observó como el hombre daba un salto hacia atrás, para evitar un objeto que le habían arrojado. No hizo falta pensar mucho para saber quién había arrojado el arma, pues como un tigre, Nanda se colocó frente al Zmei—. Bozhe moi, usted ha resistido mi influjo.

Nanda, hierático como siempre, no replicó, sino que lanzó una serie de golpes precisos que su adversario eludió con dificultad. En cuestión de segundo, los hombres se vieron envueltos en una extraña danza.

Aquello liberó al grupo del influjo del soviético, quienes no dudaron en ponerse en camino hacia la nave central del templo.

— ¡Nanda!

—Tranquilo Teo. — respondió tierna Beatriz— él puede cuidarse solo.

—Si mi amigo, no te cruces en el camino de l’ombre de la mort.

***

Llegaron tarde, eso fue evidente para Priyanka y compañía, en el momento en que vieron como el ojo de la estatua de Shiva se abría brillando con un resplandor carmín. Temiendo lo peor, el grupo se resguardó tras unas columnas. Pero, para su sorpresa, surgió una suerte de pilar a los pies del altar.

De la estatua surgió una hermosa y delicada voz, que habló en una lengua védica, que nadie, salvo Ernest Materson, de pie frente a este, entendió. El científico apretó unos botones, y el suelo comenzó a temblar.

—Asombroso. Está generando un temblor; el templo se parte en dos. — masculló Albert Crafter; Priyanka reconoció el brillo de la locura en aquel rostro, que se le antojaba tan diferente al atractivo de Sir Clayton, fuese lo que fuese Albert de su cliente, estaba lejos de ser un hermano.

El crujido de la piedra se hizo evidente, y la nave comenzó a elevarse con cierta lentitud.

—Es una vimana—, masculló la venezolana— las naves voladoras que aparecen en los textos védicos. Pensé que eran pura mitología.

—Resultaron ser ciertos. — dijo Priyanka retrocediendo.

—Pri, hace mucho calor. Salgamos de aquí. — Masculló el croata asombrado.

—Pongamos pies en polvorosa Mes amis. Si esto es como los cohetes de los fuegos artificiales, algo lo debe impulsar.

Todos, salvo Albert, quien en un arranque de atrevimiento, salieron de aquel pasillo hacia la antesala del templo. El responsable de la Fundación, en cambio saltó hacia la nave y los agentes soviéticos que acompañaban a Ernest Materson.

— ¡Maldito Loco!— gritó Priyanka, mientras retrocedía con el resto.

Una llamarada recorrió el pasillo e inundó la antecámara del templo,  dejando un gran círculo de fuego alrededor de la base de aquella construcción. Con asombro los aventureros observaron como la nave central se elevaba hacia los cielos y se perdía en las alturas.

— ¿Y Nanda?

—Aquí Sahiba. — replicó el aludido mientras se acercaba a su señora, estaba intacto salvo por la capa de sudor que decoraba su rostro.

— ¿Y el Zmei?— inquirió Priyanka.

—Sahiba, hizo una añagaza con humo y se desvaneció en el aire.

—Entonces era un rival de armas tomar, para durar tanto en una pelea contigo mon ami mortel. — El indio se limitó a asentir, mientras regulaba su respiración.

— ¿Qué haremos ahora?— inquirió Teodoro que hacia una visera con su mano para tratar de ver a la nave contra el cielo.

—Ustedes se van a avisar a su jefe. — Señaló Priyanka a los operativos de la Fundación—. Nosotros, vamos al sur de la India, a patear soviéticos.

—Hará falta un aeroplano. —masculló Teodoro que seguía oteando el cielo.

—En eso podemos serles de ayuda, al menos. —replicó uno de los operativos.

—No esperaba menos, corazón. —agregó una Priyanka cada vez más molesta <<Estamos jodidos>>

Continuará….

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Esta entrada fue publicada en 14 abril, 2019 por en Literatura, New Pulp y etiquetada con , .
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