En la Antesala Al Portal Oscuro

Bienvenido al Pelotón de las Ánimas Benditas del Purgatorio

Axioma de la película Wall-E

Nunca emprenderíamos nada si quisiéramos asegurar por anticipado el éxito de nuestra empresa.

Napoleón Bonaparte

I

No más se detuvo frente a la puerta, esta se abrió. Con aquella acción, el silencio cayó como una mortaja, y más de una docenas de ojos se posaron sobre el joven Arcadio, quien no pudo evitar que sus mejillas se viesen coloreadas por el carmín. Se paró firme y se presentó a viva voz, como el protocolo militar y las buenas costumbres le exigían.

—Dígame, soldado Arcadio, ¿Qué se le antoja?— replicó un hombre mayor, de piel tostada por el sol y cabellos negros como una noche sin estrellas. Al joven le pareció innecesaria la pregunta, pues ya había indicado que se presentaba al pelotón. A pesar de ello, como no deseaba meterse en problemas desde el principio, repitió todo de nuevo. Observó como un brillo surgía en los ojos del hombre— Martínez, revisa eso— ordenó.

El aludido, otro hombre de aspecto mayor, cabeza rapada, pálido, y con un monóculo se acercó a él. Le tendió la mano, y Arcadio le entregó una papeleta de grafeno. En sus manos, el papel brilló en azul celeste, mientras el monóculo se volvía totalmente opaco, hasta volverse rojo.

—Si ha sido asignado al pelotón, esta recién reclutado…. Y es un plebeyo, sencillito, sencillito y básico— comentó Martínez con un tono de voz monocorde.

— ¿Cómo?— corearon los otros hombres en el salón

—Debe ser un error, Cabo.

—No, mi Sargento.

—Revisa bien, Martínez.

—Hecho, mi Sargento.

—Entonces revócalo— ordenó el Sargento con calma. El lente de Martínez volvió a brillar. Cuando la luz decreció el Cabo  palideció— Tovar, no se puede revocar.

—Por favor— el sargento Tovar se acercó a Martínez y le arrebató la hoja, la miró durante unos segundos, y esta volvió a brillar. Arcadio no pudo evitar sentir como un escalofrió recorría su espalda. Tovar levantó la vista y miró al recluta— Nuevo, ¿A quién le jodiste la vida?

— ¿A lo mejor se cogió a la mujer de un chivo?— soltó entre carcajada una voz proveniente de la tropa.

—O, tal vez no se dejó coger por el chivo— agregó una voz femenina.

—O se cogió al chivo dentro de una funda de mujer.

—No seas morboso, Pizarro— agregó la mujer— no exteriorices tus fantasías. ¡Sucio!

—Tú comenzaste, Úrsula.

—No entiendo, señor— soltó por fin Arcadio, después que sintió que el tuyuyo en la garganta cedía.

— ¡Hijo! Primero: La mayoría en este pelotón somos mirmidones. Salvo Úrsula que es un espanto, Martínez que es un cráneo y el Suizo, que es un tech ¿Captas?— Arcadio asintió— Segundo: este es un pelotón castigado, quienes estamos aquí cometimos un error, o varios, que nos costaron caro, pero como en este universo nada es prescindible, en vez de cargarnos a un cyber presidio, nos destinaron a un escuadrón….

—Suicida— agregó otro soldado, este era de piel canela y cabellos azules, con nariz ganchuda y pómulos pronunciados.

—Gracias, Cortez

—De nada, mi Sargento.

—Ya veo— repitió mientras daba un paso y entraba en la sala— pero no he cometido ningún error, hasta hace poco solo me limitaba a realizar guardias frente a un edificio gubernamental. Nada más, y allí no pasó nunca nada sin igual.

— ¿Seguro?

—Sí, mi sargento.

Los hombres lanzaron un silbido. Mientras reiniciaban las bromas jocosas, para, al final, acordar solo una cosa: alguien quería muerto a Arcadio.

—Bueno, ¡Qué carajo! Pasa y siéntate— ordenó Tovar, mientras se recostaba del muro. Frente a él surgió una especie de pedestal, y a una orden, probablemente mental, surgió un holograma  solido. En el centro se podía ver un asteroide y alrededor de ellos puntos de diferentes color.

—Hace unas cuantas horas— comenzó el cabo Martínez— Intel nos informó que dieron con el astroyate de la Mancomunidad Harald, que fue secuestrado hace unos días. Al parecer, los piratas estelares son un grupo variopinto, que lleva tiempo operando en el cinturón de asteroides. Según algunos informes están vinculados a la Republica de Novogrado en Edén. Sea cierto o no, los vikingos han ofrecido una cuantiosa recompensa en Reputación, por rescatar la nave, y por cada uno de los pasajeros.

—Los cuales están identificados, y se están cargando en sus receptores— dijo un hombrecito de piel oscura, y cabellos castaños.

—Gracias, Suizo— replicó Martínez— aunado a esto, por las leyes conjuntas de las Flotas del sector, la misión ha dejado de ser un rescate y pasó a ser de salvamento. De acuerdo a Intel, el astroyate posee una fábrica Hefestos VI.

—Esto es mentira— soltó Pizarro— leyenda para tecnopajeros. Todavía el Hefestos V no ha sido superado. Hay cosas que aun no pueden ser replicadas, impresas a pesar de que se conozcan los planos.

— ¡Cállate! Si hay alguien que puede hacerlo son los vikingos— soltó otro hombre, este era pelirrojo y respondía al nombre de Benito.

—Dejen el debate para su tiempo libre.

—Sí, mi sargento— respondieron al unisonó.

—Como verán, esta es una misión muy importante— continuó Martínez— si tenemos éxito, la República de Nuevo Santiago ganará mucha reputación, la cual llegara al pelotón, y al cabo de un tiempo a nosotros. Las sumas son cuantiosas.

—Al fin podré coger algo bueno— intervino, Pizarro, siempre irreverente— No más sintetizorras, esta vez una Escort Hadita.

— ¡por favor, Pizarro! Me tenés podrido con eso. Vos no serias capaz de reconocer una hadita, ni aunque te saliera del orto— soltó Cortez. Tovar carraspeó un poco y la atención se centró de nuevo en Martínez.

—Sabemos, que el habitat Sahariano se ha puesto manos a las obras, y ya se encuentra en el lugar, pero han apostado por el sigilo. Nosotros queremos adelantarnos a ellos, y usarlos como distracción.

—Es por eso, que nuestras águilas iniciaran un combate en esa zona— comenzó el sargento mientras señalaba un lado del asteroides donde se concentraban los puntos amarillos— eso activará las defensas de los piratas, y los saharianos que se encuentran allí, según los colibríes, tendrán que pelear. Nosotros— señaló el otro lado del asteroide— iremos por ese sector; allí los colibríes encontraron unos túneles que nos llevaran al centro del complejo.

—Suena muy sencillo— agregó otro soldado al fondo, este tenía rasgos asiático— ¿Dónde está la trampa, mi sargento?

—Nepo, debemos sacar a la gente y copiar toda la data útil, los planos, manuales técnicos y esquemas del Hefestos VI mientras los saharianos luchan por nosotros. Para eso tenemos solo 15 minutos.

—No tengo tanta potencia de cómputo, para cargar todo eso— soltó Martínez, que a pesar de la expresión del rostro, su voz seguía siendo atona.

—Eso ya lo resolveremos— Tovar miró de nuevo a Nepo y agregó— en caso de que nos tome más tiempo del debido, debemos asistir a los saharianos. Al final, cuando todo esté despejado. Volaremos la nave y el complejo.

— ¡Coño! Los saharianos nos van a odiar de por vida.

—Pizarro, modera el lenguaje. Aunque, es cierto. Pero, deseamos la información y salir de los piratas de una buena vez— hizo una pausa y miró a Arcadio— Pizarro, Benito, Úrsula y El Suizo sacaran a los pasajeros. Nepomuceno y Pérez— Arcadio cayó en cuenta de un gigantón que estuvo callado todo el tiempo— seréis la artillería pesada, en caso de que haga falta ayudar a los saharianos. Si no, prepararan todo para volar el complejo. Martínez, Arcadio y yo nos encargaremos de la data ¿Entendido?

—Sí, señor— gritaron al unísono.

—Poneos a trabajar.

II

 

Arcadio se encontró dentro de un traje de batalla. Este era, a diferencia de lo que pensó cuando leyó sobre ellos durante el periodo de instrucción, mucho más pequeño y algo ajustado. Aun así, podía reconocer  que se encontraba frente a una asombrosa y potente pieza de ingeniería.

A pesar, de todo lo que comentaban los diferentes miembros del pelotón el estaba feliz y asombrado, mira que pasar de ser un miliciano básico, a formar parte de un grupo conformado por mirmidones, los cuales habían sido diseñados genética y cibernéticamente para el combate, era algo que no dejaba de entusiasmarle, mientras que a otros les llenaría de pesar.

—Suerte, chico— Soltó el  gigantón Pérez mientras le colocaba una especie de disco en el pecho. Este se fundió con el traje y Arcadio sintió un leve calor en la base del cráneo.

—Mantente cerca de nosotros, y nada te pasará— soltó Pizarro, señalando a Cortez, Benito y Nepomuceno.

—No lo ilusiones, pinche pendejo. El va con el jefe.

—Cierto, cierto, mí querida Úrsula.

La nave, en la que iban se movió un poco, como si hubiese pasado por una pequeña turbulencia.

—Menos charla, y más atención. No quiero bajas— dijo Tovar— Todos saben que hacer, háganlo.

La nave dio un brinco de nuevo, y la puerta del hangar se abrió, frente a ellos se encontraba un boquete.

—Activen los rifles de rieles— ordenó Tovar— no quiero ningún pirata vivo; y mucho menos un sahariano menos. En el visor se les indicara la firma. ¿Comprendido?

—Sí, señor— replicaron.

—Manos a las obras— agregó, mientras los primeros se internaban en la oscuridad.

III

El recorrido resultó aburrido y monótono. Aquellos túneles, habían sido iluminados por los colibríes y resultaron ser en exceso seguros, al cabo de unos minutos, se encontraron en un balcón, desde el cual se observaba un gigantesco hangar. Allí, en el centro estaba el astroyate: una monstruosidad estilizada, de chapado blanco y plata. Alrededor un montón de hombre, cada uno más pintoresco que el otro, la mayoría se encontraban concentrados a un lado de hangar luchando con las fuerzas saharianas.

La caída constaba de unos cuantos metros, y representaba un obstáculo que El Suizo y Pérez salvaron con premura, gracias a un elaborado sistema de cuerdas y arneses que armaron. En cuestión de minutos el pelotón descendía, por las cuerdas, quedando solo El Suizo, allí para proteger la retaguardia.

Una vez que tocaron el suelo, Úrsula se adelantó para encontrar la ruta más segura, mientras que los demás la siguieron con paciencia. Al cabo de unos minutos, la mujer encontró una ruta, y Benito establecía un corredor seguro. Ya, la vía de escape estaba asegurada, solo era cuestión de dar con lo demás. Por su parte, Nepo y Pérez, se ubicaron en una zona desde donde controlaban la pelea, y podrían atacar con comodidad.

Los saharianos llevaban armaduras similares a las suyas, pero en vez de ser verde oliva, eran de un tono de amarillo que recordaba a la arena. La mayoría eran de piel oscura, y portaban dreadlocks, al principio a Arcadio le pareció cabellos, pero luego se percató que eran sintéticos, tal vez metal o grafeno, pensó más de una vez. A la par, los soldados eran acompañados por  unos leopardos robóticos.

—Sus alebrijes se ven más intimidades que el nuestro— dijo en voz baja.

—Pero menos útiles— acotó Martínez— Jorge, el mico, nos permitirán terminar esta tarea mucho más rápido.

—Entendido, señor.

—Tranquilo, nuevo.

La batalla entre los hombres del hábitat sahariano y los piratas continuó sin mayor relevancia, para el resto del grupo. Arcadio miró por última vez el combate, que parecía parejo. Esperó, que la situación no variaría y todos pudiesen salir de allí en una pieza.

Por su parte, los pasillos del Astroyate, le parecieron estériles. Al igual que la nave afuera, estos eran blancos y muy bien iluminados. Todo, daba un aspecto de pulcritud y superioridad; que generó en Arcadio una sensación sobrecogedora y, no pudo evitar, preguntarse ¿Cómo los piratas piojosos habían capturado semejante pieza de tecnología?

Un chasquido los sacó de sus ensoñaciones, el Sargento dividió el grupo y vio, por última vez, a Úrsula y los demás. A la frase de vamos a lo nuestro, siguió a sus superiores.

La ruta elegida, resultó igual de monótona, al parecer la pelea contra los Saharianos se había vuelto cruenta, pero no variaba.

—Deja los nervios, nuevo— Tovar se mezo la barbilla— saldrás de esta en una pieza, y tal vez quien te condenó al pelotón rectifique.

Al cabo de unos minutos llegaron a la sala de ingeniería. La puerta, para sorpresa de Martínez, estaba cerrada a cal y canto.

—Aquí te quedas, nuevo. Cualquiera que se acerque, dispárale a matar. En tu visor se notará la diferencia.

—Y…

—Sí llegase a ser un sahariano— le interrumpió— mátalo igual, a pesar de mis órdenes ¿entendido?

—Entendido, señor.

Martínez colocó al alebrije en el suelo, y con premura desmontó el interruptor de la puerta. Arcadio había escuchado y leído, que la Mancomunidad de Harald era la potencia, del sector, más avanzada tecnológicamente. Si existía algo raro en la mancomunidad los vikingos lo habían inventado o lo estaban usando. Por ello, le asombró que el panel de la puerta fuese manual.

—También les gustan las cosas vintage. Por alguna razón, mientras más avanzan y se distancian de la transhumanidad, más añoran la vieja madre Tierra.

— ¡Señor!

—Sé lo que pensaste, Nuevo— comentó Martínez sonriendo, a pesar del tono monocorde que usó— yo pensé lo mismo cuando entré, por primera vez, en contacto con la tecnología vikinga.

—Fue una simple deducción, hijo. Es un cráneo, pero no un mago— explicó Tovar con una sonrisa. La puerta se abrió.

—Hecho, de aquí en adelante será coser y cantar.

—Martínez, ¿Alguna vez has cosido y cantado?

—No, mi Sargento… es un decir.

—Yo entiendo.

IV

Los huevos están en la canasta— la voz de Cortez resonó por el canal del pelotón.

Copiado— respondió el sargento Tovar— Nepo y Pérez, retírense.

Hecho, mi sargento— la voz del gigantón aceleró los nervios de Arcadio, quien tenía la sensación de que aquello tardaba más de lo debido.

Al cabo de unos segundos, que este se le antojó siglos, los dos hombres y el alebrije salieron.

—Todo está aquí— podía ver la alegría en su rostro, pero no en la voz— no puedo creer que los manuales, los planos y todos los datos del yate entren en este cuerpito.

— ¿Es mucho?

—Sí, mi sargento. Tal vez a nuestros técnicos le tome décadas descifrar todo y ponerlo en práctica.

—Para ese entonces ya existirán nuevos replicadores.

—Yo espero que no, nuevo. Porque si desarrollamos esa tecnología, le habremos ganado a los saharianos la carrera por el Cinturón de Asteroides.

Arcadio asintió, tenía una leve noción de la política del sector, pero aquello no le daba suficiente argumentos para discutir con un superior si aquel avance representaba una ventaja competitiva para Nuevo Santiago.

—Vamos, a paso ligero— ordenó Tovar.

Esta vez, todo le pareció mucho más rápido. En cuestión de minutos se encontraron fuera del yate, y Martínez agregaba que el contador se había iniciado. En pocos minutos, el reactor de antimateria se sobrecalentaría y aquel maloliente pedrusco seria polvo espacial.

Se dirigieron a la salida, cuando alguien se percató de ellos y comenzó a disparar. El Sargento, se atrincheró tras una roca y realizó una ráfaga de cobertura, mientras ordenaba a su segundo y al nuevo, que se acercaran a los rieles.

Arcadio, realmente asustado, obedeció sin rechistar, la idea de morir lo atormentaba en ese momento << ¿Cuándo hice mi último respaldo?>> Pensó más de una vez << ¿No tengo suficientes puntos de reputación para conseguir un cuerpo nuevo?>> <<De plebeyo a lumpen>> se dijo de nuevo, mientras se imaginaba descargado en un cuerpo sintético y oxidado, condenado a trabajar como un conserje en el hábitat hasta recabar suficiente puntos de de reputación y conseguir un mejor cuerpo.

Acompañado con esos pensamientos, llegó a los rieles y observó como Martínez era elevado por las cuerdas magnéticas y El Suizo lo recibía arriba, se preparaba para partir, cuando volteó y se percató que el Sargento se enfrentaba solo a unas fuerzas que lo superaban. Por alguna extraña razón, un fuego surgió en su ser, despejando las dudas que otrora lo abrumaran, y comenzó a disparar mientras avanzaba, con la esperanza de dar suficiente cobertura a su superior.

Las balas, empujadas por los rieles magnéticos, se movían a mayor velocidad y generaban más calor, que las arcaicas armas de fuego de los piratas. Muchos de sus disparos fallaron, pero aquellos que dieron en el blanco, causaron suficiente daño en aquellos hombres para obligarlos a cubrirse. Y es que aquellas balas, que se desplazaban a gran velocidad, cargadas de tanta energía acumulada, cuando impactaba en algo solido, solían hacer estallar al blanco. Era como si los piratas fuesen alcanzados por un pequeño cohete.

Tovar, lo alcanzó y lo conminó a seguir. Ambos, con cuidado y ahora valiéndose de balas convencionales, porque las de rieles suelen ser escazas, avanzaron hasta llegar al riel.

—Usted primero, señor

—No seas un héroe, hijo.

—Haga caso, señor— agregó, mientras se volteaba y daba fuego de cobertura. Escuchó, a pesar de los disparos, como el Sargento era elevado.  Acto seguido, este comenzó a disparar dándole cobertura. El jovenzuelo se colocó el armes y comenzó a ser izado.

De nuevo, el tiempo se volvió denso, como gelatina. El aire irrespirable y los rieles excesivamente lentos. Por su parte, los piratas, cada vez parecían ser más <<Seguro acabaron con los pobres saharianos>> se dijo, y de repente sintió que algo malo pasaba. Sobre él algo crujió, sintió un vacio en el estomago y se percató que el suelo se elevaba hacia él.

Después del beso, la oscuridad lo abrazó. Lo último que escuchó fue un acento trancado en el neoinglés y un calor en la base del cráneo.

 

V

—Bienvenido, Arcadio— le dijo una voz, abrió los ojos lentamente y frente a él, tras un vidrio se encontraba el Sargento Tovar, y la mayoría de los miembros del pelotón.

—No trates de hablar, nuevo—dijo Pizarro, Arcadio lo escuchó con claridad al pesar del líquido en el que estaba flotando— estás llenos de tubos y cables en un tanque de recuperación.

—Una bala alcanzó el riel y caíste. Eso fue lo que pasó, hijo. Después de eso, moriste. Tranquilo, no te mortifiques. ¿Acaso no te das cuenta que no eres un virtual?

—Ni un oxidaó— agregó Benito.

—Ahora eres uno de nosotros— continuó Tovar— la mayoría sacrificó sus puntos de reputación, se sumaron a los tuyos y te conseguimos un cuerpo mirmidón.

—No habrá elfitas escort para Pizarro por un tiempo— dijo Úrsula, con una sonrisa— De vueltas a las sintetizorras, como todos nosotros.

—No tienes tanta suerte, guera pelos de elote.

—Ya quisieras— replicó con malicia.

—De eso, han pasado varias semanas. Sí, sabíamos que no tenías un buen seguro. Pero, todos los miembros del pelotón son respaldados cuando salen a una misión. Sí, lo que te puso Pérez en el pecho.

—Generalmente— aclaró Martínez, Arcadio se sentía un salón de clases con todos dándoles explicaciones— una descarga toma solo unas horas, pero como no sabíamos cuales eran tus gustos, optamos por hacerte un cuerpo similar al que tenias. Y bueno, eso toma tiempo.

— ¡Che! espero que no quisieras parecerte a Fernando Colunga, y si a Gardel. Vieron, asintió. Te gané, Pizarro, paga boludo.

—Bien, eres un mirmidón, y es lo que importa. Sí, el asteroide estalló. Salvamos a todos, los saharianos murieron, pero descubrimos por los datos recogidos en la nave y los ciudadanos de la Mancomunidad, que los piratas no eran la punta de Novogrado, sino de Salem.

—Sí, los putos puritanos— agregó Pizarro con un silbido—. Los culos malos que viven al borde del sistema estelar, en un planeta de suplicios…

—También, que no se te puede mover del pelotón—agregó Martínez.

—Se avecina una guerra— dijo Nepomuceno y Pérez asintió— Estas en el lugar más seguro de todo el hábitat de Nuevo Santiago. Todos somos una familia, salvo porque Pizarro le va un pobre equipo de futbol, como son los Conquistadores, y el resto a los Corsarios

—Yo le voy al Real— replicó Pérez.

—Ya no molesten— intervino el Sargento— hijo, saldrás en unas horas. Una vez que te asees y prepares tus cosas, preséntate al salón de conferencias. Dentro de poco hay otra misión, esta vez debes ser mas cuidadoso, pues el 70% de ese cuerpo es tuyo, pero el 30% le pertenece al Estado.

A una orden todos salieron de la enfermería, pero antes de irse, el Sargento se volteó y le dijo, con un tono que se le antojo agridulce a Arcadio.

—Por cierto, bienvenido a la familia. Bienvenido al Pelotón de las Ánimas Benditas del Purgatorio.

En ese momento, Arcadio sintió un escalofrío recorriendo su nueva espina, y comprendió la reticencia inicial del sargento. Aun así, estaba feliz, algo le decía que estaba en casa.

FIN

 

Este relato se me ocurrió cuando leía Hermanos en Armas, y me vino a la mente la idea de lo neo precolombino, aunque no lo nombre o describí. Pensé, luego, en como seria el futuro de nuestros pueblos en el espacio. Acto seguido, leí algo sobre las novelas del honorverso, y aunado a Eclipse Phase, cree una ambientación de ciencia ficción, donde en un sistema estelar muy lejano a este, conviven varias comunidades humanas. En una de ella está el hábitat de Nueva Santiago, una gran estación espacial donde habitan transhumanos descendientes de toda Hispanoamérica. Por eso, encontraran expresiones de diferentes países. También, hay mucho de Eclipse Phase, aunque no está ambientado en ese mundo, y no es un fic. Espero escribir más sobre ellos, porque ahora es que tengo anotaciones en mi cuaderno de magia.

Y es que el Pelotón de las Ánimas Benditas del Purgatorio me resultó más variopinto de lo que pensaba. ¡Vaya, menudo loco es Pizarro! Por cierto, Vladimir, encuéntrate allí.

 

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Un comentario el “Bienvenido al Pelotón de las Ánimas Benditas del Purgatorio

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Esta entrada fue publicada en 3 julio, 2017 por en Ciencia Ficción, Literatura y etiquetada con .
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